BIBLIA, CIUDAD Y BUEN VIVIR

 

Por: Ana Mercedes Pereira Souza

 

Introducción

La reflexión sobre Ciudad y Buen Vivir que presentamos en estas páginas, hace parte del Diplomado “Biblia y Ciudad: pedagogías del Buen Vivir en contextos urbanos” facilitado por Kairos Educativo – KairEd- y Universidad Santo Tomas durante el semestre julio-diciembre de 2013. Los y las participantes en su totalidad vienen de procesos y compromisos en sus parroquias, en procesos educativos, en asociaciones populares y en Iglesias Evangélicas. Por lo tanto, es un texto situado y orientado a facilitar un acercamiento entre estos actores/as a la comprensión del Buen Vivir en sus múltiples concepciones, con el objetivo de invitarles a proyectarse hacia procesos de articulación de sus prácticas con la propuesta de Vida Nueva-Vida Digna promovida por el nuevo paradigma del Buen Vivir, en nuestros contextos urbanos

Uno de los símbolos que motivo este diplomado fue un pequeño ladrillo (2×1) en el que cada participante colocó su nombre y su significado fue el de asumir como propuesta, la construcción colectiva de conocimientos en una dinámica de reconocimiento y apertura a la diversidad religiosa, teológica, política e ideológica de los y las presentes y de apertura a re-lecturas bíblico-teológicas sobre la ciudad en su propuesta de articulación con el Buen Vivir. Nuestra apuesta de construcción de conocimientos desde esta diversidad, hace referencia al paradigma de la interculturalidad, con el que “se afianza la idea de saberes pedagógicos, de pedagogías críticas, es decir de múltiples visiones que confluyen en el acto de aprender y enseñar, de conocer el mundo e incidir sobre él.  Es a este proceso de construcción de conocimientos desde distintas lógicas, al que se le denomina epistemologías de fronteras  

Construir juntos y juntas en la ciudad significa también asimilar y asumir que estamos en continuos procesos de cambios, de acción e interacción, interrelación e interlocución con diferentes y nuevos actores/as y con sujetos/as emergentes muchas veces excluidos/as, invisibilizados/as, en medio de  la selva de muros, de casas, de edificios, de calles polvorientas, de charcos y del asfalto que cubre a nuestras ciudades. Detrás de los “muros” reales y simbólicos hay llantos, hay hambre, hay desesperanzas, hay maltratos, violencias, hay identidades silenciadas, pero también hay luchas, prácticas de solidaridad, de resistencia, de apuestas por una vida digna, por un barrio, una ciudad, un país en paz.  

Nuestro tema se inició con la lectura del Libro del Apocalipsis que en sus últimas páginas, cap. 21 sobre “La Nueva Jerusalén” nos abre nuevos horizontes y desafíos para animarnos a construir esa Ciudad Santa –Ciudades Santas- que tanto anhelamos y soñamos en contextos como el nuestro en los que las violencias estructurales y el conflicto armado dejan a su paso la destrucción de la vida, de nuestra Madre Tierra y de los sueños de millones de colombianos/as. Fernando Torres nos acompañó y animó en esta relectura bíblica, para acercarnos desde nuestras prácticas, éticas  y espiritualidades a esa visión y promesa de que la Ciudad Santa es posible, es realizable hoy en nuestros contextos urbanos. Pero esta ciudad tenemos que construirla colectivamente, pacientemente y amorosamente y allí el símbolo del pequeño ladrillo con nombres concretos: todos, todas somos responsables en este proceso de auto-construcción  de ciudades nuevas, dignas,  en nuestros entornos urbanos. 

 

  1. El Buen Vivir y la promesa de una vida plena, digna

Es interesante que siendo las comunidades indígenas de nuestro continente quienes han sufrido históricamente procesos de muerte, de tortura, de esclavitud, de exclusión, de robo y saqueo de sus territorios sagrados, de discriminación, nos traigan este regalo de una “Buena Nueva” de Buen Vivir, en momentos de crisis, de destrucción de la humanidad y de nuestra Madre Tierra. ¿De dónde viene esta fuerza, este aliento, esta voz de esperanza para las generaciones actuales y las venideras? ¿Qué enseñanzas, aprendizajes están ofreciendo a la humanidad entera desde sus conocimientos, religiones y sabidurías ancestrales acumuladas, guardadas recelosamente? ¿Por qué en estos tiempos deciden compartirlas con otras culturas en el mundo entero? Y como desde nuestros contextos rurales, urbanos podemos transformar esas violencias ser receptivos/as, reflexivos/as para incorporar estas visiones de paz y vida digna?

Recordemos que en nuestras ciudades conviven personas, familias provenientes del campo y personas y familias nacidas en las ciudades. De igual manera emigrantes extranjeros/as que le imprimen a la vida urbana su propia cultura y sus cosmovisiones. En nuestros barrios periféricos se mezclan modelos de vida pre-modernos, modernos y posmodernos, que se expresan en formas simbólicas, religiosas, en la manera de hacer política, de sobrevivencia económica, entre otros. Esto significa que la vida urbana es compleja y en consecuencia, son también complejos los procesos de transformación y cambios que se requieren para gozar de una vida digna.

  1. Conceptualizaciones sobre el Buen Vivir

Son variadas las miradas, reflexiones y sistematizaciones sobre el Buen Vivir. Inicialmente producidas desde las entrañas de la cultura Aymara y Quechua, transmitidas a otras culturas Amerindias y actualmente, asimiladas por teólogos/as, intelectuales latinoamericanos y europeos comprometidos/as con la defensa de la vida en estas comunidades y también interesados/as en llevar estas nuevas perspectivas a sus países.

“…el Buen vivir trata de representar la recuperación de una idea de bienestar basada en una relación armoniosa con la naturaleza y en la recuperación de saberes tradicionales que el modelo actual ha ido abandonando a la orilla del camino. Y todo ello acaba por tomar cuerpo en la defensa de autonomía de los procesos locales frente a imposición de modelos de desarrollo provenientes del exterior. La autonomía se convierte así en una piedra angular de cualquier estrategia orientada al Buen Vivir

Sofia Chipana Quispe, nos comenta: “En el contexto andino, donde surge como palabra enunciada el Sumak Kawsay-Buen Vivir, y el Suma Qamaña-Vivir Bien, no son términos usados con frecuencia, ya que en los ámbitos quechuas o aymaras, se las usa para expresar realidades soñadas y buscadas; así la palabra se hace vida al sentirla, soñarla y hacerla, en ese sentido, la palabra es evocada desde la memoria ancestral para adquirir mayor sentido y fuerza”. Igualmente, para asimilar y reflexionar sobre lo anterior, vamos a dialogar con algunas de las concepciones del Buen Vivir elaboradas por diferentes actores sociales, indígenas, sacerdotes, intelectuales latinoamericanos y europeos, sistematizadas por esta teóloga indígena 

Para Manuel Castro, el Buen Vivir implica la convivencia comunitaria, la igualdad social, la equidad, la reciprocidad, la solidaridad, la justicia, la paz. Supone igualmente una relación armónica entre la humanidad y la Madre Tierra (…) A su vez trata de valores culturales específicos y también de una ciencia y tecnologías ancestrales”.

En Eduardo Gudynas, la noción del Buen Vivir es una crítica al modelo de desarrollo y una llamada a construir una calidad de vida incluyendo tanto a las personas como a la naturaleza”.

“Magdalena León desde una perspectiva feminista, introdujo el concepto de “Economía del cuidado humano” como expresión del Sumak Kawsay, porque allí se recupera la idea de la vida como eje y categoría central de la economía”.

Para Alberto Acosta, expresidente de la Asamblea Constituyente de Ecuador, “el concepto de Sumak Kawsay, tiene que ver con una serie de derechos y garantías sociales, económicas y ambientales. Y en el pensamiento político de Ecuador, significa que si se puede abrir la puerta a la construcción de una sociedad democrática, en tanto acoge las propuestas de los pueblos y nacionalidades indígenas así como también de amplios segmentos de la población..”

Según Fernando Huanacuni, pensador indígena, “el movimiento indígena originario, en el horizonte del Buen Vivir, no busca solamente reconstruir el poder político, social, jurídico o económico, busca esencialmente reconstruir la vida, reencontrándonos con nosotros/as mismos/as”.

Para el antropólogo y sacerdote Xabier Abo, significa “convivir bien” y no mejor que los otros. El vivir bien implica el acceso y disfrute de los bienes materiales en armonía con la naturaleza y las personas. Es la dimensión humana de la dimensión afectiva y espiritual”

En síntesis, Chipana observa que “En el conjunto de la literatura contemporánea sobre el Sumak Kawsay y el Suma Qamaña, rescatando la ética colectiva de las comunidades indígenas, se puede advertir una doble función: por una parte, una crítica a la situación socio-económica actual y por otra, la reconstrucción cultural, social y política, a partir de la reconciliación entre la naturaleza y la humanidad, entre lo material y lo espiritual, en el reconocimiento de una pluralidad de aportes que pueda contribuir tanto a la crítica del capitalismo como a la construcción de sociedades mucho más alternativas en la que se valore y se cuide la gran comunidad de la vida, de la que somos parte

  1. Los rostros del Suma Qamaña

Otra síntesis interesante es la realizada por Uzeda, quien analizando todos los componentes de las propuestas conceptuales del Suma Qamaña, observa tres rostros o formas en que se expresa este nuevo paradigma:

  1. El Suma Qamaña como precepto moral

El Buen Vivir puede asumirse como un precepto ético y moral: vivir respetando y en armonía con la naturaleza, las divinidades, los iguales de la comunidad, guiados por los cuatro principios fundamentales, relacionalidad, correspondencia, complementariedad y reciprocidad.

 

  1. El Buen vivir como conquista social

Se puede considerar como conquista social en dos direcciones: en aquella estipulada en el Plan de Desarrollo del actual gobierno que apunta a una “Vida Digna”, es decir vivir bien como superación de la pobreza y la exclusión. En la otra dirección, vivir al modo propio, siguiendo los propios valores, creencias y normas, rechazando la imposición homogeneizadora de la globalización. 

  1. El Buen Vivir como fórmula política

Si bien todavía el Buen Vivir no es un proyecto político, según el autor, si se constituye en una formula política que ha cruzado varias fronteras y ha cobrado prestigio y adherencia internacional y que vuelve singulares y enriquece simbólicamente a las nuevas constituciones nacionales de Ecuador y Bolivia. Como toda consigna política, es breve, significativa y movilizadora o por lo menos identificadora y aglutinadora.

  1. Relaciones campo-ciudad y Buen Vivir

Bogotá, ciudad de más de 10 millones de habitantes, es un “rompecabezas” cultural. Gran parte de sus habitantes son personas y familias que emigraron huyendo de las violencias en sus regiones en los años 40s, 50s, del siglo XX y del conflicto armado en lo que va del siglo XXI. Además emigran también buscando oportunidades laborales, educativas en esta ciudad. 

Cuando escuchamos las historias de abuelitos y abuelitas que viven en los sectores populares y periféricos de Bogotá, encontramos en sus relatos biográficos sus añoranzas y “saudades” de sus infancias y etapas de la juventud en el campo. Casi siempre terminan sus historias diciendo: ¡Esos tiempos eran mejores y más bonitos. Teníamos de todo, frutas, comida, agua limpia, aire puro, la palabra tenía valor, y el ambiente era sano, la vida en el campo era más sana!. Estas apreciaciones son verdaderas pero también en esos recuerdos de una vida mejor se expresa lo que en historia se llama el “Mito de la Edad de Oro” que alude a ese dicho popular, “Todo tiempo pasado fue mejor”. Siendo una verdad para estas personas, sabemos que en toda sociedad existen conflictos, problemas, pero para adultos/as mayores provenientes del campo, su verdad es que tuvieron épocas pasadas de vida sana, vida agradable. ¿Podríamos  decir, de Buen Vivir?

También nuestro diplomado en los Montes de María-Sucre, con familias campesinas que después de 10-12 años de vivir como desplazadas en Sincelejo retornaron a sus comunidades de origen, lo iniciamos con una reflexión sobre el Buen Vivir. Compartimos sus recuerdos y experiencias de antes del conflicto, según ellos y ellas, de armonía, de paz, y durante y después del conflicto, de dolor, de sinsentido en la ciudad de Sincelejo, viviendo excluidos/as, “señalados/as” de pertenecer a un bando u otro, pasando hambre, viviendo en hacinamiento, sin trabajo ni recursos para el sustento de sus familias. Y finalmente,  compartimos sus alegrías al volver a sus tierras valorando todo lo que perdieron en estos años: la memoria de sus seres queridos, familiares, amigos, de sus tierras, animales y sobre todo, con los aprendizajes acumulados durante esos años, un deseo nuevo, un proyecto nuevo de construir la paz en sus comunidades. 

En las reflexiones expresaban que para construir nuevas comunidades, todos y todas tenían que cambiar, por ello nuestro diplomado en los Montes de María se llamó “Comunidades de Cambio y Construcción de Paz”, proyecto que simbolizo el compromiso solidaridad, de unidad y respeto en la diversidad religiosa, política, cultural, para iniciar una etapa nueva con los aprendizajes del “exilio” en Sincelejo. Se identificaron con pensamientos del Buen Vivir y de la Biblia para construir sus Planes de Vida: “SHUK SHUKULLA, MAKILLA, KAWSANKAPAK”-Un mismo sentir, un mismo pensar y un mismo actuar, a favor de la vida. Y “TODOS TENIAN UN MISMO CORAZON Y UNA MISMA ALMA

  1. Ciudades nuevas, Memoria, Derechos Humanos y Buen Vivir

Retomando estas experiencias de emigrantes campesinos/as y comunidades rurales que experimentaron en carne propia la crueldad de la violencia de los años 50s y del conflicto armado de esta época, vemos que de estos recuerdos de paz, de vida en equilibrio con la naturaleza, de comunidades sanas, cuidadoras de los ríos, de las plantas y árboles y de sus animales,  puede surgir el sueño de Ciudades Sanas, en las que sus habitantes vivan en armonía, en  equilibrio consigo mismos/as y su entorno, pero se requieren condiciones para que este sueño sea una realidad: reavivar el fuego de la memoria ancestral de sus habitantes (historias de vida, relatos de sus vidas en el campo o en la ciudad), tomar conciencia de la necesidad de unión y solidaridad vecinal, barrial y tener en cuenta las posibilidades que ofrecen las ciudades y esto significa, desde el punto de vista político, fortalecer las culturas ciudadanas,  para participar como ciudadanos/as sujetos/as de derechos, con la autonomía y la autoridad que nos brinda nuestra Carta Constitucional de 1991.

Si retomamos aspectos del Buen Vivir y los relacionamos-articulamos con los Derechos Humanos, los Derechos Sociales, Económicos, Culturales y Ambientales DESCA , con el reconocimiento de pluralidad cultural, político-ideológica, religiosa, étnica, de la diversidad sexual,  los derechos de las mujeres, de los niños/as, de los jóvenes, Tercera Edad,  los Planes de Desarrollo Local, las propuestas de ONGs, de organizaciones socio-eclesiales, laicales, entre otros, vemos que allí existen posibilidades de construir ciudades más humanas, ciudades en las que se puedan construir nuevas relaciones con la naturaleza, relaciones de solidaridad y reciprocidad, de fraternidad y sororidad entre sus habitantes.

1.5  Retos y desafíos para la realización de Buen Vivir en contextos urbanos

Es un desafío grande pensar en articular nuestras propuestas y apuestas en contextos urbanos, con la perspectiva del Buen Vivir. La ciudad es compleja y así mismo son nuestras prácticas, imaginarios, acciones de lucha, de resistencias urbanas. Sin embargo, presentamos algunas perspectivas que pueden ayudarnos para pensar  estos procesos:

1.5.1 De-construir, des-aprender y apertura a visiones de ciudad-sociedad en equilibrio

Son pocas las reflexiones sobre la manera como el conflicto armado repercute en las ciudades pero desde nuestras cotidianidades podemos ver, sentir, palpar e incluso vivir diferentes formas de violencias urbanas: delincuencia común, maltrato intrafamiliar,  feminicidios y violaciones a mujeres, jóvenes, hombres y mujeres, niños, niñas, incluso a ancianas. De otro lado experimentamos día a día las intolerancias, la falta de respeto, la exclusión social, económica, política, cultural, religiosa, de mujeres, de la comunidad LGTB, de indígenas y afro-descendientes, de campesinos, de desplazados, de jóvenes, de las comunidades Rom (gitanas).

Las ciudades grandes por su misma complejidad se vuelven inhumanas y nuestra pregunta es, ¿cómo hacer, al menos, de nuestro pequeño territorio, la cuadra, el barrio, la vecindad, una comunidad incluyente, que respete y reconozca la pluralidad, las identidades silenciadas de sujetos emergentes arriba mencionados? ¿Cómo vivir relaciones de reciprocidad en medio del individualismo y la desconfianza que nos rodea? ¿Cómo sentir y acompañar al otro/a, al ajeno/a en su dolor, en sus búsquedas?

Para avanzar en respuestas a estas preguntas, necesitamos de-construir los imaginarios que nos polarizan y atomizan, “los buenos y los malos”, el “sálvese quien pueda” y perder el miedo a los/las desconocidas y a lo desconocido, hacernos nuevas preguntas y transitar caminos nuevos, recargarnos de compasión, misericordia, ternura y esperanza, de creatividad y sabiduría. En otras palabras, necesitamos cambiar nuestros esquemas mentales (“a esto no lo cambia nadie”, “no se puede hacer nada”,) y prácticas sociales para construir culturas de convivencia ciudadana en medio de la interculturalidad y por ende, de las diferencias.

1.5.2 Reconstruir procesos de Memoria Histórica de las víctimas de la “Época de la Violencia”

Las atrocidades cometidas por los jefes de los partidos liberal y conservador en las décadas 40s, 50s, quedaron en total impunidad, nadie respondió por los daños ocasionados desde la institucionalidad política, las muertes, los desarraigos, la pérdida del tejido social de comunidades, familias, las pérdidas de tierras,  salvo algunas excepciones, no hay memorias ni Centros de Memoria Histórica de esta época, no hubo leyes de Verdad, Justicia ni reparación para millones de colombianos/as víctimas de la “Época de Violencia”.  No sabemos cómo vivieron las víctimas, sus angustias, depresiones, rabias y deseos de venganza. No hubo atención psico-social para acompañarles en sus procesos de duelo y pérdidas humanas y materiales. 

Tenemos la memoria oral de  cómo vivieron estas experiencias y de cómo fueron sus primeros años de desplazamientos y como construyeron los barrios periféricos en las ciudades. Pero la mayoría de esas historias quedaron en el ámbito de lo privado, los abuelos/as contaron a sus hijos, a sus nietos los dramas que vivieron en esos años. Y lo más dramático, son los hijos/as y  nietos/as los que viven ahora las secuelas de la actual violencia. La sociedad colombiana tiene una deuda con las víctimas de esos años y no se piensa en ello. En España, por ejemplo, la Memoria Histórica de la represión franquista de los años 30s del siglo XX se continúa recuperando en la actualidad, lo mismo en Argentina, en Chile. Bien sabemos que hay relaciones entre la violencia de los años 40s-50s del siglo XX y la actual. ¿Por qué no pensar en la recuperación de la Memoria Histórica de los ancianos de nuestros barrios y hacerla pública, a decir de Hanna Arendt, proyectarla en el ámbito político? 

Esta acción posibilitaría sanar memorias de adultos mayores y de sus familiares  que viven en los barrios populares y barrios marginados y además, posibilitaría crear puentes generacionales para entender nuestras intolerancias y trabajar con niños/as,  jóvenes y adultos pedagogías para la reconciliación y la paz. A las generaciones actuales nos corresponde afirmarnos en procesos de construcción de paz desde la comunidad, el barrio y la ciudad en una dinámica espiral, de adentro hacia afuera y de afuera hacia adentro. La paz sin memoria y sin reconciliación, sin Verdad, sin Justicia, sin Reparación, es una paz “coyuntural”, sin esperanza hacia el futuro,  porque más tarde, los niños y jóvenes de hoy serán los actores/as de nuevas formas de violencias.

1.5.3 Planes de Vida individuales y colectivos para reconfigurar la esperanza

Lo anterior va ligado a esta propuesta de reconstrucción de los Planes de Vida individuales y colectivos porque otro efecto traumático de las violencias en Colombia, fue/es la desestructuración y/o destrucción de los Planes de Vida, de las víctimas y de sus familiares. Las víctimas del conflicto armado se quedan “sin piso”, totalmente desubicadas, sin saber qué hacer ni a donde ir, ni cómo sobrevivir en situaciones de desplazamiento forzado. Y lo más grave es que en la actualidad, según encuesta del DANE, de los 6 millones de desplazados (1.3 millones de hogares) registrados en la Unidad de Victimas,  9 de cada 10 desplazados se encuentra en condiciones de pobreza y 3 de cada 10 en pobreza extrema. Y según esta misma investigación, solo el 8% tiene asegurados los alimentos, solo 2 de cada 10 familias habitan vivienda digna, solo el 8% ha tenido algún tipo de apoyo psico-social para recuperarse emocionalmente, 8 de cada 10 desplazados afirma quedarse en el lugar de desplazamiento porque no hay condiciones de seguridad para retornar a sus comunidades de origen y en el sitio donde ahora están, han reconstruido su proyecto de vida. 

Según esta investigación, en términos positivos, el 86.7% manifiesta estar afiliado a un sistema de salud. Sin embargo habría que evaluar si la atención en salud es la que ellos/as requieren porque los daños ocasionados en su salud mental y corporal son desbastadores. Reconstruir historias personales, familiares, recuperar prácticas ancestrales y realizar Planes de Vida con dignidad, nos acerca al modelo del Buen Vivir en contextos urbanos. 

 1.5.4 Realización de diagnósticos participativos sobre la realidad urbano-popular

Muchas experiencias urbanas y la nuestra en los Montes de María-Sucre, con campesinos/as de escasa educación, muestran que si es posible realizar diagnósticos participativos apoyados en los paradigmas de la Investigación – Acción Participativa, I.A.P y el Dialogo de Saberes. Con base a una comprensión sobre estos paradigmas, miembros de equipos pastorales, de organizaciones de base, centros educativos, entre otros, pueden realizar pequeños diagnósticos sobre la realidad socio-económica, política, cultural, medio-ambiental de sus comunidades.

El contar con estos diagnósticos –cifras, estadísticas- o lo que en la dinámica de proyectos se llama una Línea de Base, es decir, tener conocimiento de la situación inicial, el hoy, en las áreas planteadas en el párrafo anterior, posibilita a las comunidades prepararse para presentar propuestas concretas en los Planes de Desarrollo Local en sus alcaldías y dar seguimiento para ver si esa situación inicial, que por lo general contempla infinidad de problemas, se puede transformar a corto, mediano y largo plazo.

1.5.5 Planes de Desarrollo Locales 

Nuestra Constitución de 1991 plantea la obligatoriedad de participación local para la elaboración de estos planes de desarrollo, que en el contexto del Buen Vivir se denominan Planes de Vida porque  en el Buen Vivir el desarrollo es entendido no solamente como el tener cosas o mejores condiciones, sino que incluye también el ser y su entorno, es decir, es necesario que los Planes de Vida le apuesten a una propuesta integral en la que los cambios que deseamos se realicen en el ámbito de las necesidades sociales, económicas, políticas, culturales, medio ambientales pero que también se realicen en las personas, de manera que se comprenda que la responsabilidad es de todos/as para participar en estos procesos.

Y esa responsabilidad tiene que ver con el “Rostro Ético y Moral” del Buen Vivir. Nos referimos a una responsabilidad en la que empecemos por asimilar y asumir nuestros derechos ciudadanos, la responsabilidad frente al voto en contextos de elecciones, responsabilidad sobre los derechos constitucionales de participación, de elegir y ser elegidos/as, responsabilidad en las veedurías locales para hacer seguimiento al gasto público, para denunciar la corrupción, el tráfico de influencias, entre otros.

Solo en la medida en que asumamos, construyamos y/o fortalezcamos Culturas Ciudadanas, podremos participar con responsabilidad en la elaboración, discusión y posicionamiento de nuestros Planes de Desarrollo/Planes de Vida, con los valores éticos y estéticos sugeridos en los segmentos anteriores. Y la idea es comenzar por pequeños grupos que vayan “enamorando” a la comunidad en general de esta propuesta de participación ciudadana.

Margrit Eckholt recoge algunos de los elementos que hemos planeado y observa que para construir nuevas ciudadanías, es importante articular los procesos de Memoria, Reconciliación y Esperanza, de esta manera podremos escuchar las voces silenciadas y excluidas que reclaman ser escuchadas y visibilizadas en sociedades como las nuestras: “Las mujeres y los pueblos indígenas en las últimas décadas, reclaman cada vez más la palabra como “actores” y “sujetos” en política, sociedad e Iglesia y ponen al descubierto, así, cuantas veces se los ha entendido y se los sigue entendiendo –desde la perspectiva de los poderosos-, como ciudadanos y ciudadanas de segunda categoría. En la configuración de las comunidades –sea a nivel político, social, cultural y religioso-, no será posible encontrar nuevos caminos que sean viables y conduzcan al futuro, si no se percibe y se toma en serio estas voces  

1.5.6 Espiritualidades para la defensa de la vida

El proyecto de construcción del Buen Vivir en las ciudades, implica también el desarrollar y/o reconocer, articular y respetar las espiritualidades que viven las personas, familias, en los barrios, en la vecindad. Son espiritualidades que para defender la vida, deben generar resistencias y visibilizar  lo que lleva a la muerte en las comunidades urbanas. Y nos referimos a todas las violencias ya expresadas en párrafos anteriores.

De igual manera son espiritualidades que trabajan y mejoran el medio ambiente, la naturaleza que les rodea. Son espiritualidades que aun expresándose en ausencia de la riqueza natural del campo, tratan de conservar algo de ella: las flores, las huertas caseras, la cultura del reciclaje, del cuidado del medio ambiente. Hay diversas experiencias urbano-populares en este sentido y proponemos como ejemplo, la experiencia de las Casitas Bíblicas en el barrio Diana Turbay, en Bogotá, en la que las personas que participan han desarrollado estas formas de tener un contacto mínimo con la naturaleza, los cultivos en sus terrazas, en aleros de sus ventanas, el uso de plantas medicinales y su transformación en cremas, ungüentos para diversos males, problemas del estómago, de la piel, la artritis, entre otras. 

Todas estas prácticas, además de contribuir con sentir esa relación con el campo, les posibilita mejorar su alimentación, sus pequeños ingresos  y su salud. En las Casitas Bíblicas también se expresan espiritualidades festivas que se recrean con la música, danza, el canto, el teatro, las celebraciones de fe, de vida y esperanza de niños/as, jóvenes y adultos. Este es un proyecto que tiene dificultades y limitaciones propias de la interacción de los grupos sociales, pero avanza en esta propuesta de integralidad en la perspectiva del Buen Vivir en la ciudad.

CONCLUSIONES ABIERTAS

Presentamos en nuestra reflexión lecturas y posibilidades del Buen Vivir en nuestras ciudades. Igualmente ciertas condiciones que se requieren para hacer realidad este sueño de vida digna en contextos urbano-populares.  Margrit Eckholt, sintetiza nuestra lectura con el desarrollo de la triada Memoria, Esperanza y Reconciliación que contribuiría eficazmente en procesos de construcción ciudadanías  plurales y diversas fortalecidas y reconocidas para la gestión política y la exigibilidad de nuestros derechos constitucionales.

También insistimos que el marco de referencia para estos logros es la necesidad de cambiar nuestras miradas y prácticas sociales, con preguntas nuevas que logren agudizar nuestros sentidos y sensibilidades para asimilar y transformar con ética, con responsabilidad y amorosidad y según las espiritualidades que nos animan,  nuestros barrios y entornos habitados por personas concretas, hombres, mujeres, niños/as, jóvenes que sueñan y luchan por una sociedad mejor, una sociedad solidaria, justa y respetuosa de los derechos fundamentales.

En conclusión, articular el Buen Vivir con propuestas urbanas, Movimientos Sociales, barriales, organizaciones locales de Iglesias, de ONgs, entre otras, exige retos y desafíos grandes.  Uno de ellos, según De Sousa, es el de un tránsito de la “Epistemología de la ceguera a una epistemología de la visión”, que revierta los regímenes de representación y relevancia y logre hacer visibles los conocimientos y agentes que de otro modo permanecen ausentes: hacer visible lo invisible, pensable lo impensable, presente lo ausente

 

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