MUJERES, ESPIRITUALIDADES Y CONSTRUCCION DE PAZ EN COLOMBIA

MUJERES, ESPIRITUALIDADES Y CONSTRUCCION DE PAZ EN COLOMBIA

Por: Ana Mercedes Pereira Souza

“Conforme venimos marchando, marchando, nuestros cantos reflejan el grito angustiado de un numero incontable de mujeres que murieron demandando pan(…)Llego el momento de compartir rosas de la vida, Pan y Rosas, Pan y Rosas!” Himno Pan y Rosas.

 

Colombia es un país que ha vivido un conflicto prolongado por más de 60 años. Con nuestra organización, REMPAZ, estamos realizando una investigación sobre los imaginarios políticos,  religiosos y teologías implícitas o explicitas respecto al perdón, a la reconciliación y a la paz. Y nos preguntamos, ¿Cómo las mujeres víctimas del conflicto armado reconstruyen sus proyectos de vida, luchan por sus derechos, reconstruyen sus esperanzas animadas por deseos de justicia y paz desde la fe? Nuestros discursos de paz son incluyentes? Convergen aunque emerjan de diferentes campos, políticos, religiosos? A través procesos de recuperación de la Memoria Histórica, nos acercamos a estos imaginarios para comprender el papel de las religiones en procesos de reconciliación y construcción de paz en nuestra sociedad.

1, Conciencia de Género y Derechos Humanos

A comienzos de los 90s el conflicto armado sembró los campos de terror, de muerte, de dolor y angustia, con asesinatos, masacres, desapariciones forzadas realizados por actores armados de derecha y de izquierda y por el narcotráfico organizado. En el contexto de estos crímenes de lesa humanidad, la presencia de Agencias de Cooperación se hizo visible con programas relacionados con el Derecho Internacional Humanitario, Derechos Humanos, Género, Derechos de las Mujeres, Proyectos económicos, entre otros. Si bien la perspectiva de género, especialmente desde mujeres académicas se trabaja desde los años 60s-70s, surgen en este nuevo momento cientos de ONGs, algunas coordinadas por mujeres para acompañar a mujeres víctimas del conflicto armado, apoyarles psicológicamente, y buscar soluciones a la crisis humanitaria en condiciones de desplazamiento forzado. Nos referimos a la Organización Femenina por la Paz, a la Ruta Pacifica de Mujeres, Mujeres Por la Paz, Madres de La Candelaria, Asociación de Mujeres del Oriente Antioqueño, Somos Pazificas, Tejedoras de la Memoria, entre otras. La Iglesia Católica desde la Pastoral Social Nacional y algunas Iglesias Históricas -especialmente la Iglesia Menonita con la creación de JUSTAPAZ, 1986-, inician igualmente, diversos programas tendientes a aminorar el dolor,  el sufrimiento millones de personas desalojadas de sus tierras, ubicadas en ciudades en situaciones de extrema pobreza. Con base a estas iniciativas, van naciendo en todo el país, organizaciones de mujeres de base campesinas, indígenas, afro-colombianas, urbano-populares, que desde una perspectiva de género luchan por sus derechos, exigen el cumplimiento de la Ley de Verdad, Justicia, Reparación y garantías de no repetición de la violencia vivida en sus regiones y comunidades: “Las circunstancias que propician el conflicto armado influyen en el activismo y en la re-significación de la identidad de género. Por lo tanto, sus líderes aprovechan esta situación para transformar la conciencia femenina, incrementar la capacidad de las mujeres para configurar sus propias vidas y su entorno, aumentar su auto-estima para avanzar con ellas en un proceso de empoderamiento en varios niveles y dimensiones. El contenido de sus nuevas representaciones y su transformación genérica, se explican a partir del sujeto colectivo de su acción: las víctimas del conflicto armado se convierten en sujetos de derechos que proponen configurar una nueva sociedad. Gran parte de estas organizaciones de mujeres, fueron creadas y acompañadas por mujeres profesionales seculares interesadas en el empoderamiento político de las víctimas, otras por comunidades religiosas femeninas y un grupo minoritario, por mujeres laicas que iniciaron su liderazgo y crecimiento personal a través de su formación y compromisos en la Pastoral Social de sus municipios y posteriormente en la perspectiva de la Teología de la liberación y Comunidades Eclesiales de Base, TL-CEBs. De ahí  se realizó una transición a perspectivas feministas y ecuménicas creando redes ecuménicas de mujeres para la paz

 

 Así, el origen de estas ONGs y Organizaciones de Base de mujeres, muestra la diversidad de opciones y estrategias construidas para desempeñar sus acciones respecto a la paz. Con diferentes visiones y matices, todas las organizaciones de mujeres estamos de acuerdo con los diálogos para la reconciliación y la construcción de paz, no queremos más violencias y conscientes de  la presencia de múltiples conflictos que azotan a nuestra sociedad, consideramos que la paz no es solamente el silenciamiento de armas y le apostamos a una paz integral, a una paz que se construye colectivamente, con justicia social, democracia, equidad, solidaridad, respeto y reconocimiento de las diferencias político-ideológicas, religiosas, respeto a la pluralidad étnico-cultural,  respeto a la diversidad sexual, desde el nivel micro-meso y macro social. 

 

  1. Mujeres, Memoria histórica y Paz

Para las mujeres víctimas del conflicto armado, para las organizaciones que les acompañan, la construcción de la Memoria Histórica de los acontecimientos mencionados, es un paso previo a la construcción procesos de reconciliación y de paz. No habrá reconciliación ni paz sin Memoria Histórica porque se trata de la dignificación de las víctimas y a decir de Arendt, se trata de hacer públicas estas historias de sufrimiento, dolor, de muerte y al hacerlas públicas, se convierten en un acto político: “La circulación en el espacio público de los relatos de los vencidos en la guerra han permitido un establecimiento de la verdad factual que había permanecido oculta(…) La verdad factual tiene que ser plural compuesta por múltiples relatos de los hechos lo que implica que no podemos hablar de “una memoria” única o de un relato   sino de la presencia de varias memorias que necesitan de  ese espacio de aparición que es la esfera política . Muchas personas, hombres y mujeres, tenían miedo –y aún tienen miedo- de hablar de su pasado dramático y así el dolor, la rabia, se quedaban en el ámbito privado, personal, familiar y reinaba/reina la impunidad.  Sin embargo, sobresalen experiencias en que mujeres apoyaron/apoyan a mujeres para iniciar caminos de resistencia. Es la experiencia de la Organización Femenina Popular de Barrancabermeja que nació de la Pastoral Social de esta ciudad en los años 70s,  a quienes los paramilitares les asesinaron varias de sus líderes, violaron a decenas de sus compañeras, atentaron contra sus coordinadoras, su sede y sin embargo ellas continuaron con las denuncias y con prácticas de resistencia en las regiones donde trabajaban: “Asumimos este reto porque en el momento más difícil los hombres se escondieron, se desplazaron, se murieron, se exilaron. La mayoría de las organizaciones referentes en la defensa de derechos humanos quedaron minimizadas, golpeadas o silenciadas, les bajaron el perfil. Era recoger los muertos todos los días, en las calles, en los ríos, en las cañadas…Pero nadie podía sacarlos porque si los sacaban se morían. Las únicas que sacábamos los muertos del rio éramos nosotras, las mujeres de la OFP. Era la hora de unir esfuerzos y fue así como la OFP asumió el reto de ser vocera de los vivos/as y de los muertos/as, en una postura clara por la vida y en contra de la guerra, como siempre la habíamos tenido

 

De igual manera contamos hoy con testimonios escritos, públicos de mujeres que vivieron los horrores de las masacres y violaciones en El Salado-Bolívar, de Mampujan – Bolívar, en El Rincón del Mar, Córdoba, en la Organización de Mujeres del Oriente Antioqueño, de las Mujeres del Choco, de los Montes de María, en Sucre y Bolívar, en Tumaco, del Putumayo y  Cartagena,  entre otras. Sin duda alguna, las mujeres asumieron estos retos sabiendo que estaban expuestas a la muerte, a la desaparición y/o al exilio.

 

3, La Paz desde el feminismo 

Nos encontramos aquí con voces que se complementan con otras perspectivas de construcción de paz. “El feminismo siempre ha reivindicado las formas no violentas para resolver los conflictos y para resolver y dirimir las contradicciones que se dan en las sociedades en la búsqueda de mejores condiciones de vida para todas y todos(..)La paz desde el feminismo será no la ausencia de conflicto social o político, sino será lograr mecanismos de resolverlos en instancias muy participativas, lograr un estado social de derecho que se base en definiciones claras del respeto a la igualdad y a los derechos y en esa concepción, espacios donde se pueda tener en cuenta la voz de las mujeres, la voz de las diversidades, de los indígenas, para poner en una mesa esos intereses y llegar a las reglas del juego, a las definiciones que nos permitan una convivencia pacífica

 

En estos colectivos las apuestas convergen pero no son iguales, como lo expresa otra de sus participantes, “Primero tenemos que sanar las relaciones que cada una de nosotras tenemos, las personales, las familiares. Yo empiezo desde el interior de cada persona, voy haciendo convivencias con grupos, construimos espacios comunitarios de participación y se van construyendo zonas de paz, comenzando a remendar el tejido social con los pequeños grupos. Otra participante observa que “para construir la paz en el país, es indispensable que las mujeres actúen como agentes políticos en las mesas de diálogo y negociación. Al estar en estos espacios tenemos la oportunidad de poder debatir al interior de procesos de negociación aquellas demandas que son trascendentales para las mujeres (…) Es fundamental para la sociedad colombiana que el derecho a la verdad, a la justicia, a la reparación sea mirado de manera diferencial, así como los tipos de crímenes cometidos contra las mujeres”. Observamos una perspectiva interesante relacionada con los imaginarios sociales, “Los imaginarios colombianos son muy guerreristas y en los años de la era de Uribe ese imaginario se ha multiplicado, entonces hay que intentar transformar esos imaginarios desde lo religioso, político, social e ideológico” . De igual manera se aboga también en estos espacios por la continuidad y el seguimiento a la Resolución 1325, y a la  182 0, “Los procesos de paz desde las mujeres tienen que pasar por algo que sostiene hoy las resoluciones 1325 y 1820 y todas aquellas que han dado un fundamento muy preciso hacia la construcción de paz desde las mujeres(…)Es importante potenciar los escenarios para que se conozcan estas resoluciones, en este sentido es necesario plantearnos el papel que juegan las mujeres en los procesos de construcción de paz y su sostenibilidad . Es importante subrayar que gracias a estas voces y movilizaciones de mujeres articuladas con otras de espacios diversos y sus consignas, “Las Mujeres no parimos hijos para la guerra”, “La paz sin las mujeres no va”, entre otras, se logró que en las Mesas de Negociación entre el gobierno colombiano y las FARC EN La Habana-Cuba, se incluya a las mujeres víctimas del conflicto, se las escuche y con su presencia, se creó  la sub-comisión de Genero en estos escenarios. 

 

  1. Mujeres y Espiritualidades para la paz

En diferentes espacios nos encontramos con múltiples formas de vivir  nuevas espiritualidades, en algunos casos, el reconocimiento de Dios con rostro de mujer, en otros, Dios como Energía, Sabiduría Divina, en otros con énfasis en la relación Dios/Diosa-Naturaleza-Madre tierra y encontramos también  formas tradicionales propias de la Religiosidad Popular católica y pentecostal. En algunos casos, su fe se transforma en resistencia frente a la impunidad, a la injusticia, en otros, en resignación: “Identificamos un primer tipo de relatos: los que están marcados por la resignación, entendida como “nada puede hacerse”(…)…la gente siente a Dios como algo externo, lejano, todopoderoso, como un ser que maneja el universo a su antojo, que hace con nosotros lo que quiere; que juega con nosotros. Por ende, no tenemos más camino que aceptar su voluntad y resignarnos. “Dios vera que hará con nosotros”, expresaba una mujer. Otra afirmaba, “Y sí, yo le doy gracias a Dios por esta prueba que el Señor me mando. Como les dije, yo hago la voluntad de Dios, lo que tú quieras, Señor”. Esta es una forma de leer los hechos a la luz de la fe: hay un orden natural instituido, lo que ha pasado tenía que pasar y es la voluntad de Dios. Es un estado de cosas que se acepta, que no se puede cambiar

 

Otras experiencias de fe marcadas igualmente por el dolor, la injusticia, la impunidad, claman al Dios de la vida, de la solidaridad, de la justicia, al Dios que acompaña y da respuestas a las víctimas. El pueblo de Trujillo – Valle, vivió entre 1989 y 1994 una serie de masacres y asesinatos de 342 personas. El sacerdote de esta parroquia, el padre Tiberio Fernández fue asesinado brutalmente y su cuerpo fue arrojado al rio Cauca. Los familiares de las víctimas, campesinos/as, familias sencillas arraigadas en una religiosidad tradicional, lograron un proceso de transición de imaginarios religiosos y políticos realizando sus duelos y caminos de recuperación de la memoria histórica de estos acontecimientos: “… es una memoria de resistencia colectiva, desde la subjetividad y la creatividad de las víctimas, contada y escrita a partir de sus vivencias y testimonios, convirtiéndose en el tronco del árbol, sostenido por las raíces profundas de fe y resistencia, lucha y esperanza. Relatar esta memoria dolorosa ha contribuido para que las victimas hagan duelos y se conviertan en sujetos políticos de derechos, fortalezcan su fe y se apropien de su proceso. Esta memoria exige asumir riesgos (…)Este año AFAVIT y sus acompañantes han sido amenazados, criticados y estigmatizados.  También algunas teólogas y biblistas feministas, reconocen los cambios que han experimentado a partir de sus opciones de acompañamiento a mujeres víctimas de la pobreza y del conflicto armado: “En nuestras vidas pudimos comprobar itinerarios parecidos. Para algunas la relación había sido con una misma imagen de Dios, como creador, omnipotente, más o menos misterio. Para otras la relación se había desarrollado a partir de la figura y la experiencia de Jesús. Para otras, la llamada al absoluto venia por dolor del mundo. Hubo un paso casi unánime en la evolución: la vivencia de un Dios vigilante, castigador, a un Dios amoroso, cercano, compasivo. Para el conjunto, la Teología de la Liberación jugo un papel definitivo en nuestras vidas y por consiguiente Dios se nos revelo como un protector/defensor de los débiles y pobres

 

Nos encontramos igualmente, con un sector realmente minoritario, de mujeres que optaron por el sacerdocio, ritual realizado en Estados Unidos, un ritual prácticamente clandestino, desafiante para la institución católica en la medida en que intenta recuperar el poder y la capacidad mediadora de lo sagrado y de lo espiritual desde las mujeres. Como bien lo explica Navia, “Una de las grandes derrotas históricas que hemos sufrido las mujeres, fue el haber sido privadas de nuestro poder mediador ante lo sagrado y ante lo espiritual (… Descubrir esto, reconocerlo en nuestra propia carne y hacernos conscientes de que las mujeres solo podemos recuperar la capacidad mediadora, si nosotras mismas nos la reconocemos y se la reconocemos y otorgamos a los demás, fue una verdadera revolución en nuestro espacio y en nuestra vida. Esto nos llevaría más adelante a abordar el problema de la autoridad femenina, en la iglesia, en la familia en nuestras comunidades y en la sociedad en general

 

Estas sacerdotisas, ordenadas por obispas conscientemente asumen la recuperación de la mediación de lo sagrado pero desde una actitud de servicio y humildad: “Las mujeres que somos ordenadas somos muy mayores, ya pensionadas, habrá 2 o 3 jóvenes de 43 a 50 años las demás tenemos hasta 80 y 90(…) Hay 280 mujeres en el mundo trabajando donde las acepten. Nuestras obispas no nos tienen como empleadas. Servimos en donde podemos, la mayoría somos pensionadas. No tenemos templos, no nos interesa tener templos porque no cuidamos ladrillos, queremos cuidar personas. Es un ministerio renovado diferente, no queremos salir de la iglesia, no lo hemos hecho porque tenemos apoyo de la iglesia Pueblo de Dios”.

 

El testimonio de nuestra compañera, Rosiris Murillo, laica iniciada en las CEBS, da cuenta de estos procesos de transformación de imaginarios religiosos tradicionales a la Teología de la Liberación -CEBs y de allí, a una perspectiva feminista de fe, a la corporeidad, a la resistencia y lucha por los derechos humanos: Me llamo Rosiris Murillo, siento y vivo cada día ese milagro maravilloso que llamamos fe que se expresa en nuevos aprendizajes, nuevas formas de entender y vivir la vida, en la construcción de nuevas pedagogías para transformar nuestras vidas y las de las demás personas. Es una fe que mueve esas montañas de esperanza y una fe que vivimos en el amor, en el compromiso para nuevos proyectos de vida, nuevos renaceres, para transformar estas formas de violencias que vivimos no solo las mujeres sino también los niños y niñas. Para nosotras desde nuestra organización FUNSAREP, con ese compromiso y esa apuesta de CONSUELO ARNAIZ, entendimos la fe como el acompañamiento a la otra, a aquellos que en un momento determinado necesitan de una mano amiga, de ese acompañamiento, incluso de esas lagrimas que en esos momentos de desfallecer, de sentir que esa presencia de Dios, de la Diosa de la vida como algo lejana, la encontramos en ese abrazo de fe y esperanza. 

 

Llegue al barrio San Pedro de Cartagena en el año 75 y ese año llegaron estas religiosas españolas y un nuevo párroco jesuita llamado Alfredo Vargas(…)Era muy niña y recuerdo que no había ninguna estructura como iglesia. Era una casa de encuentro, la casa comunitaria y nací de esa experiencia de CEBs donde leíamos la Palabra en cualquier casa donde este sacerdote nos invitaba. El rostro femenino de Dios lo fuimos descubriendo en la Palabra, en el mismo caminar, en los encuentros donde hablábamos de Dios y éramos mujeres contando nuestras historias de dolor, éramos mujeres campesinas y urbanas que nos fuimos encontrando en nuestras miradas de dolor y así entendimos que algunos textos y fragmentos de la Biblia nos hablaba a las mujeres, nos hablaba con miradas de mujeres y nos fuimos convirtiendo en un grupo de mujeres que decíamos, ·”esto es Palabra para mujeres”. 

 

Tuvimos como referencia la presencia de Consuelo en la Lectura Popular dela Biblia, estudiamos a mujeres teólogas que en América Latina estaban hablando de una teología con rostro de mujer. Además estuvimos con Florence Thomas, Marcela Lagarde, entre otras feministas (…) Lo importante ha sido tomar la Palabra desde el compromiso político y ciudadano en la casa, en la calle, en el trabajo, en la comunidad y en la sociedad. La misma Palabra nos empodero porque fuimos descubriendo a un Dios, a una Diosa que mueve, que revoluciona, que traspasa cualquier estado que viole nuestros derechos. Nuestra organización, MUJERES ESPEJO somos fruto, semilla de esa experiencia de FUNSAREP y desde esta organización empezamos a interactuar en espacios políticos, en espacios de poder. Tenemos mujeres que hoy se sientan con alcaldes, incluso a nivel nacional porque tenemos una política pública que la hemos luchado. 

 

Hoy hacemos parte del Movimiento Social de Mujeres de la ciudad de Cartagena y como mujeres podemos exigir y tomar decisiones porque estamos allí, realizando diversas acciones. Como mujeres sentimos que nuestro cuerpo es el que ha recibido todas esas cargas históricas, cargas emocionales profundas (…) Para integrar el cuerpo tuvimos que reconocer que teníamos unas historias, unas raíces que no siempre son nuestras y las fuimos asumiendo, guardándolas en un rinconcito de nuestro cuerpo. Sentir que nuestro cuerpo ha sido violado y violentado nos hizo ver la necesidad de tocar nuestro cuerpo, de preguntarle qué le pasa, cada día, en la mañana, cuando tomamos la ducha y le pedimos perdón por alimentos que consumimos que no son buenos para él. Reconocemos que somos hijas de la Madre Tierra y nuestro cuerpo necesita ser abonado, cultivado, masajeado, querido, amado. Las mujeres decían antes que su cuerpo no les pertenencia, que era de sus maridos, pero eso hoy ha cambiado. Ahora sienten que su cuerpo es un templo sagrado, que es un templo de su compromiso, un cuerpo que debe estar siempre presente, despierto y eso es maravilloso porque las mujeres comienzan a sentirse bellas. Para nuestra organización MUJERES ESPEJO, ha sido fundamental integrar esta perspectiva corporal y así lo expresamos en nuestro lema “Porque todo pasa y atraviesa nuestros cuerpos de mujeres”. 

 

  1. Mujeres, Espiritualidades, reconciliación y construcción de paz

Asumir una reflexión sobre Espiritualidades, reconciliación y paz es un gran desafío para nosotras. El conflicto armado ha sido  cuestión de hombres, es patriarcal, es inhumano y de otro lado, en Colombia, con 60 años de violencias vividas de diferentes maneras por cinco generaciones, sabemos más de conflictos que de paz, por lo tanto más que respuestas, afloran preguntas sobre cómo, como mujeres le apostamos, construimos y posicionamos nuestros sueños de paz en escenarios políticos, sociales, culturales y religiosos?  ¿Cómo construir una sociedad justa, solidaria, incluyente desde la feminidad? ¿Qué tipo de espiritualidades se requieren para tejer lazos sororos y fraternos para lograr una convivencia pacifica? ¿Qué tipo de espiritualidad/des necesitamos para re-conocernos y por tanto aceptarnos como somos, desde las diversidades políticas, ideológicas, religiosas, diversidades sexuales, étnico-culturales? Qué tipo de valores y acuerdos mínimos requiere una/s espiritualidades para lograr una paz sostenible y duradera?

 

De otro lado, el perdón sin olvido, el perdón con justicia y castigo son, desde estas espiritualidades políticas para la paz, una condición previa para lograr la reconciliación? Podríamos esbozar una tipología respecto a las posiciones de las ONGs, de las víctimas en general y de las mujeres en particular sobre sus actitudes y opciones frente al perdón. Para algunas simplemente no hay perdón y asumen su posición como un derecho, como una expresión de la indignación que les produce recordar estos crímenes atroces. Lo expresan claramente en sus consignas, “Ni perdón ni olvido”. Para otras hay criterios y exigen que sus victimarios reconozcan los daños causados, pidan perdón a sus víctimas, expliquen el por qué de sus atrocidades, exigen el dar a conocer los nombres de los autores intelectuales y respecto a la desaparición forzada, indicar el lugar donde están los cuerpos de sus víctimas y garantizar la no repetición de estos crímenes de lesa humanidad. Para este sector, el perdón no significa olvido ni impunidad. Hacen suya la Ley de Verdad, Justicia, Reparación y garantías de no repetición emanada constitucionalmente por el gobierno colombiano.

 

 Otros grupos optan por el castigo divino y lo que pasó “fue la voluntad de Dios y solo Dios perdona lo imperdonable”. Dios no castiga ni con rejo ni con palo, pero su justicia divina llega. No sabemos  cuándo , pero llegara”.  Esta posición es asumida por amplios grupos de mujeres vinculadas a iglesias donde el perdón ha sido posible por la mediación de sus pastores/as y lecturas teológicas conservadoras, lo cual genera interrogantes y cuestionamientos porque las victimas poco o nada hacen el paso  hacia el reconocimiento de ser mujeres sujetas de derechos, y los crímenes y daños ocasionados a ellas y a sus familias quedan en la impunidad. Siguiendo a Varcarcel, “hay en la tradición un olvido aconsejado, el deber olvidar (…) Quien no olvida las ofensas sufridas, recibe el nombre de rencoroso. Para evitar el rencor y sus secuelas, existe la instrucción de olvidar”. Esta parece ser la perspectiva que asumen algunos actores/as religiosos/as en su acompañamiento a víctimas del conflicto, ocasionándoles  mayores daños ya que lo que está en juego es la dignificación de las víctimas y su restitución como seres humanos. Esta situación presenta grandes desafíos y retos para actores/as religiosos/as que no tienen en cuenta los derechos de las víctimas que acuden a ellos/as para sanar sus heridas.

 

  1. Mujeres, Misericordia y perdón  

Desde estas experiencias de dolor nos preguntamos, cual es la relación entre el perdón y la reconciliación? ¿Dónde queda el perdón en los procesos de Reconciliación y Paz? ¿Es posible perdonar los crímenes, las masacres, las desapariciones, las violaciones a las mujeres y la sevicia con que los victimarios realizaron estas acciones? ¿Es posible perdonar 7-10-15 años perdidos que vivieron y continúan viviendo en situación de desplazamiento forzado? ¿Es posible perdonar la destrucción de la tranquilidad, de la paz, de la vida familiar, vecinal en sus comunidades antes del conflicto armado? ¿Es posible perdonar el dolor, el llanto, la perdida de la confianza, del valor de la palabra y del tejido social construido generacionalmente? Responder a estas preguntas es un gran desafío para las víctimas, hombres y mujeres, para las iglesias, para el gobierno colombiano, para sus instituciones y  organizaciones de la Sociedad Civil que le apuestan a la paz.  

 

Como mujeres que acompañamos a víctimas del conflicto  vivimos experiencias fundantes, conmovedoras, sentimos en nuestras entrañas el dolor, el sufrimiento de las mujeres víctimas del conflicto armado, ensanchamos nuestras entrañas para dar paso al abrazo, a la escucha activa, a la ternura, al amor, al empoderamiento político y a la exigibilidad de derechos, a la construcción de ciudadanías,  y en esa relación, intentamos llegar al sentido profundo de la compasión y la misericordia. Ahí encontramos perspectivas para perdonarnos a nosotras mismas y la pregunta es si un día, lograremos perdonar a nuestros victimarios o si perdurara el derecho a la indignación, que como expresa Torres, “es el corazón roto de un Dios que conoce los sufrimientos de los desvalidos” Emma Martínez Ocaña, en su hermoso texto “Te llevo en mis entrañas dibujada”, parece haber tomado de nuestra compañera Rosiris Murillo  algunas de sus reflexiones: “Cuando la Palabra  alcanza las entrañas y se adhiere a ellas, rompe el dolor ante las víctimas de la guerra”. En su testimonio Rosiris nos comparte como nacieron esas experiencias de sentir a Dios con rostro de mujer cerca de ellas, como desde esta cercanía,  se sanan entre ellas, con el abrazo, las caricias, el auto-cuidado, la sororidad, la el canto, el teatro  y la danza, porque “éramos mujeres campesinas y urbanas que nos fuimos encontrando en nuestras miradas de dolor”. Ellas, compartiendo sus historias de vida, vieron de otra manera, escucharon de otra manera, se relacionaron de otra manera y “se conmovieron desde sus entrañas”. Como lo expresa Martínez, “Es el Dios fecundo que fecunda la vida y la libertad. Es la madre a la que se le rompen sus entrañas y se sabe incapaz de abandonar jamás a sus hijos (…) Yahveh no es solo el Dios de la “entrañable ternura y misericordia,  lento a la cólera y rico en piedad”(Ex 34, 6-7) sino la madre que da luz sufriendo los dolores de parto. Estas perspectivas bíblico-teologicas nos animan para continuar profundizando sobre preguntas que nos hacemos e interrogantes que tenemos respecto a nuestro papel como mujeres de fe en la construcción de la paz en Colombia. Para finalizar, Fernando Torres, teólogo colombiano laico,  desde su relacionalidad solidaria con hombres y mujeres sufrientes también nos habla de la “entrañable ternura” que se hace necesario descubrir/redescubrir  en nosotras/os para lograr caminos de perdón, reconciliación y paz en Colombia: “Este elemento de la entrañabilidad de la misericordia, del corazón abierto, de las entrañas abiertas, es quizás otro de los elementos que más requerimos hoy  cuando nos planteamos los procesos de perdón y reconciliación(…)Tendríamos entonces dos grandes raíces bíblicas para desarrollar en este momento tan crucial en Colombia: una, la referencia al SHALOM como organización social y política de la comunidad y otra, la referencia al HESED, como un sentir profundo de la entrañabilidad de los seres humanos que hacen suyo el dolor del otro y de la otra(…)La palabra HESED hace referencia al principio de la vida, cuida, atiende, acompaña, está desarrollando todo un principio de protección, del cuidado de la vida. HESED está muy ligada en su raíz bíblica a la palabra RAHAMIN que es el útero, el principio femenino de la vida(…)Perdonar estos crímenes de lesa humanidad es uno de los desafíos más urgentes y más complejos porque se trata de trabajar realidades humanas en situación de destrozo, de inhumanidad. Quien asesina, quien viola, quien destruye las condiciones materiales de la vida de una familia campesina, quien produce desplazamientos ha perdido una dimensión fundamental de la vida que es el principio  de la misericordia, principio de relacionalidad. 

 

Estaríamos frente a un largo camino de formación de una relacionalidad distinta (…) ¿Cómo logramos que nuestra sociedad se organice a partir del principio del amor al prójimo, del amor a la naturaleza y del amor a la vida? Ahí estamos y ese desafío requiere de dinámicas de cercanía, de acompañamiento, de cuidado. Es un trabajo a largo plazo, intergeneracional, intercultural e interreligioso y necesitamos trabajar la relacionalidad y lo dialógico porque significa construir relaciones a partir del otro/a, esa otredad que no es ni mi reflejo, ni mi espejo ni mi posición, es una realidad distinta que debo reconocer, apreciar y cuidar. Estas reflexiones sobre la misericordia y el perdón, promovidas y exaltadas igualmente por el Papa Francisco, nos invitan a “ver  a las víctimas del conflicto colombiano, -el 70% mujeres- y a sus victimarios, de otra manera,  y conmovernos misericordiosamente, desde nuestras entrañas, desde la ternura entrañable y desde el útero generador de vida, cercanía y esperanza en la búsqueda de la paz”. Estas reflexiones nos abren puertas para profundizar más a fondo sobre nuestro papel como mujeres de fe en los procesos de construcción de paz en Colombia.

 

CONCLUSIONES ABIERTAS

 

Como mujeres colombianas, estamos aprendiendo a escucharnos, a respetarnos, a construir colectivamente horizontes de paz, Estamos “coloreando la esperanza” y esperando “nuevos amaneceres” desde nuestras diversidades y múltiples formas de pensar, de sentir, de amar, de organizarnos, de actuar. Constatamos que desde los espacios en los que interactuamos, sean políticos, religiosos, culturales, medio-ambientales y desde las mediaciones propias de cada organización, cada espacio, estamos resignificando imaginarios de sumisión , de violencia, le estamos apostando a la paz, a una paz con justicia social, a una paz que democratice las estructuras de poder, que sea incluyente, participativa, que de-construya las culturas patriarcales que han jalonado la muerte en nuestra sociedad y construya estructuras dignas para la vida en donde mujeres y hombres vivamos sin temor, sin miedo a ser descalificadas/os, sacrificadas/os por tener posiciones distintas frente a cómo debe reconstruirse nuestra sociedad. Es en el núcleo de estas aspiraciones y sueños, donde las Espiritualidades Políticas Para la Paz se encuentran, se abrazan amorosamente para decir y exigir un Nunca Más para Colombia, un Nunca Más para ningún país del mundo.

 

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