RELIGIONES, ECUMENISMO Y ESPIRITUALIDADES PARA LA PAZ. “PARA EN RED DARNOS MAS”

RELIGIONES, ECUMENISMO Y ESPIRITUALIDADES PARA LA PAZ. “PARA EN RED DARNOS MAS”

Por: Ana Mercedes Pereira Souza*

Introducción

Hay diversos factores sociales, económicos, políticos y religiosos que explican el crecimiento de la pluralidad religiosa en Colombia. En 1994, cuando realizamos nuestro primer diagnostico sobre el Hecho religioso en nuestro país, había un aproximado de un millón de personas vinculadas a las Iglesias Evangélicas. Hoy en día los medios de comunicación hablan de cerca de cinco millones de personas que buscan una relación con Dios a través de diferentes iglesias y expresiones religiosas. La pobreza, las diferentes formas de violencias, el conflicto armado, el desplazamiento forzado, las crisis familiares, el desempleo y en general, la vulnerabilidad en que vivimos, hacen que nuestras vidas retornen a experiencias de lo sagrado y a diferentes maneras de vivir sus espiritualidades en medio de la crisis que nos rodea (Pereira, pág.28)

En Colombia hemos vivido lo que los académicos llaman “conflicto prolongado” (Lederach, 2009). En el siglo XX, desde los años cuarenta hasta hoy, diferentes formas de violencias han acompañado a cuatro y cinco generaciones: enfrentamiento entre actores armados, desplazamientos forzados, violación general a los Derechos Humanos, incluido el derecho a la vida, pérdida de tierras, desintegración familiar, pérdida del tejido social, de grupos de referencia, situaciones que nos hablan de un conflicto sin fin entre actores armados y el Gobierno colombiano.

Pero también vivimos lo que los especialistas llaman conflicto estructural, es decir, conflictos arraigados que tienen su origen en la desigualdad social, en la forma como en Colombia, un país rico comparado con otros de la región, se distribuye la riqueza, la tenencia de tierras, los recursos del Estado en generación de empleo, en la prestación de servicios públicos, vivienda, salud, educación, recreación. Esta distribución ha sido históricamente desigual y en nuestra sociedad se han construido amplias brechas entre ricos y pobres a causa de estas prácticas de exclusión a las mayorías. La ausencia del Estado en las regiones coincide con la historia de los conflictos regionales. Vemos por ejemplo que Chocó, uno de los departamentos más ricos en biodiversidad, en oro, uranio, en agua, es el departamento más pobre de Colombia y es uno de los departamentos en el que los actores armados se disputan el territorio.

En este contexto, cuando pensamos y realizamos acciones que posibiliten la transformación de conflictos y de paz, debemos  proyectar nuestras acciones tanto a la resolución de conflictos a nivel coyuntural como a nivel estructural. En este sentido nos preguntamos, qué papel juegan las religiones y las espiritualidades en construcción de dinámicas de paz y de solución a estos conflictos? ¿Cómo desde nuestras iglesias, estamos contribuyendo  a generar procesos de paz o por el contrario, contribuimos en la generación de más violencias?¿Qué papel han desempeñado las experiencias ecuménicas en estos procesos de construcción de paz en Colombia? Desde el marco teórico conceptual de Acción Sin Daño y construcción de paz, ¿las religiones, iglesias se sitúan como conectores para la paz o como divisores?

Para responder en parte a estas preguntas es importante comprender y relacionar estos tres conceptos: religiones, espiritualidades y ecumenismo y seguidamente, analizar cómo ha sido la experiencia colombiana en esta apuesta de las religiones para la paz.

 

 

  • Concepto de religiones: 

 

Hay múltiples conceptos sobre las religiones pero optamos por esta perspectiva socio-antropológica para profundizar el tema que nos concierne: “Las religiones son un sistema de símbolos que actúan formulando concepciones de un orden general de la existencia, que establecen estados de ánimo y motivaciones en la gente y reviste estas concepciones de un sentido de realidad, de tal forma que pueden transformar la acción de los creyentes en influjos en la realidad social, cultural y política” (Izquierdo, 2007). Las religiones cumplen múltiples funciones sociales y son por excelencia, en situaciones de crisis, fuente de conocimientos, de creatividad, de interpretación de realidades, aporta seguridad en contextos de vulnerabilidad y posibilita la construcción de sentidos frente a la vida y a la muerte (Pereira, 2008)

 

  •  Concepto de espiritualidades:

 

Las espiritualidades, de una manera sencilla,  maneras y estilos de vida que asumimos, según el espíritu que nos habita y nos anima. La espiritualidad, nos comenta Tonny Brun, no es pro-gresar en una escuela de Espiritualidad, sino más bién in-gresar al encuentro de nuestro ser esencial, a la tierra santa que es nuestro corazón(…)Ser espiritual entonces no es pro-gresar para hacaer o alcanzar algo, sino a-gregar amor en el encuentro con el otro” (Brunn, pag.4). Leonardo Boff nos proporciona otra conceptualización en la que expresa que “Espiritualidad es vivir según el espíritu, al sabor de la dinámica de la vida. Se trata de una existencia que se orienta en la afirmación de la vida, de su defensa y de su promoción. Vida tomada en su integridad, sea en la exterioridad como relación con los otros, con la sociedad y con la naturaleza, o sea en su interioridad, con ese yo profundo, con ese/esa anciano/a que vive dentro de nosotros/as, mediante la contemplación, la reflexión y la interiorización: en una palabra, la potenciación de la subjetividad” (Boff, pág.165) 

 

  • Concepto de Ecumenismo

 

La palabra “ecumenismo” y el adjetivo “ecuménico/a” proviene del término griego oikoumene, derivado a su vez de la palabra oikos que significa, lugar donde se vive, espacio donde se desarrolla la vida doméstica, donde las personas tienen un mínimo de bienestar. De ahí, oikoume significa algo asi como “la casa de todos los vivientes”, el “mundo habitado” en el que coexisten diversos pueblos, con diferentes lenguas, culturas y religiones.

Clarificando estos conceptos comprendemos las diferencias y las relaciones entre religiones, espiritualidades y ecumenismo: las religiones son prácticas y representaciones socio-religiosas que se plasman en instituciones, las espiritualidades, maneras de vivir, de sentir, de expresar nuestra fe en la relación con Dios, con nuestro prójimo y con la naturaleza y el ecumenismo, la “casa de todos/as”, del encuentro, de la interacción en actitud constante de tolerancia, respeto y paz entre diversas razas, credos, lenguas, culturas y religiones. ¿Cómo desde nuestras iglesias, desde nuestra vida cotidiana, articulamos estas tres dimensiones? Qué experiencias tenemos? Qué limitaciones y que vivencias satisfactorias, exitosas podemos compartir? ¿Diferenciamos y articulamos estos tres aspectos o los vivimos de manera independiente?

 

  • Religiones, Violencias y Paz en Colombia

 

Colombia por ser un país colonizado por los españoles, es mayoritariamente católico y los vínculos entre la Iglesia y el Estado fueron y continúan siendo fuertes. Cuando en una sociedad hay crisis o hay conflictos o proyectos para mantenerse en el poder, hay tendencia a hacer alianzas, negociaciones. En estos contextos se observa cómo históricamente en Colombia se tejieron relaciones, por un lado, entre Iglesia Católica y partido conservador, por otro, entre liberales y protestantes, relaciones que con escasos niveles de respeto, de tolerancia y de democratización de estructuras de poder, local, regional y nacional, contribuyeron a la polarización de la sociedad colombiana.

4.1 El papel de las religiones en el siglo XIX

Una vez que se consolidó la Independencia de España en 1819 (Batalla de Boyacá). La sociedad colombiana buscó caminos para consolidarse como nación: la conformación de los partidos tradicionales, la construcción del Estado, de los poderes locales, regionales, nacionales. Esta época estuvo marcada por múltiples conflictos en los que la religión católica jugó un papel importante, sea como divisora o como conectora de procesos de paz. Durante el gobierno liberal en 1885, fueron expulsados del país varios obispos y sectores del clero por oponerse a las políticas liberales. Sus bienes fueron confiscados y los liberales invitaron a las iglesias protestantes para realizar trabajos educativos (iglesia presbiteriana), de salud (iglesia bautista), etc. Esta situación generó muchas resistencias y resentimientos por parte de la iglesia católica y a  finales del siglo XIX, en la Guerra de los Mil días, encontramos a varios obispos, entre ellos, a Mons. Eszequiel Moreno Díaz, quien promulgaba que el liberalismo era pecado y por lo tanto había que combatirlo. 

4.2 El papel de las religiones durante la violencia de los 40s

Estos imaginarios sociales de los “buenos” y los “malos” se reprodujeron generacionalmente y nuevamente, en la Época de la violencia y a raíz del asesinato de Jorge Eliecer  Gaitán, entre 1947 y 1957, nos encontramos con hechos de violencia derivados de estas concepciones. Las iglesias evangélicas siendo minorías, fueron perseguidas, sus templos incendiados y sus pastores amenazados. Muchas iglesias tuvieron que desplazarse a las ciudades y volver a comenzar en contextos urbanos. 

La situación de diáspora y de exilio, de un lado fue dolorosa pero de otro lado las iglesias se transformaron y crecieron en las ciudades, caso Iglesia Menonita y algunas iglesias pentecostales como Remansos de Paz en Sincelejo. Experimentaron la violencia en su población, Macayepo y se desplazaron a Sincelejo. Sin embargo sus líderes y su membresía reconocen que en estas condiciones de exilio, experimentaron cambios y vivencias individuales y colectivas importantes que les han fortalecido, les han permitido nuevos aprendizajes, nuevas aperturas a dinámicas políticas, sociales, económicas y ecuménicas.

4.3 Neoliberalismo, globalización y religiones

Los noventas marcan un nuevo momento en la historia de Colombia. Se impusieron las políticas neoliberales, la globalización y en todo el mundo los pobres aumentaron, igual las clases medias y los ricos se enriquecieron aún más con el libre flujo de sus capitales. En el contexto de estas crisis que no solamente impactaron el campo económico sino también el ámbito familiar y afectivo (separaciones, madres solteras, madres cabeza de familia, violencia intrafamiliar, violencia contra la mujer), el campo laboral (desempleo), el campo político (corrupción, paramilitarismo y narcotráfico, conflicto armado) amplios sectores sociales experimentaron una crisis de sentido, de sus proyectos de vida, situaciones que les llevaron a nuevas búsquedas y relaciones con lo sagrado, con iglesias y experiencias de fe, de la Nueva Era, de otras cosmovisiones relacionadas con los trascendente. Se amplió así el Hecho religioso en nuestro país, crecieron las iglesias pentecostales, neopentecostales y del lado católico, la Teología de la Liberación entró en crisis y la Renovación Carismática se posicionó en nuestra sociedad (Pereira, 2004). Todo esto indica que las religiones no son estáticas, que cambian en la medida en que personas y grupos sociales son afectados por las dinámicas políticas, económicas, sociales, medio-ambientales, entre otras.

 

  •  Las religiones como conectores o divisores en contextos de conflicto armado

 

Desde la perspectiva de Acción sin Daño y construcción de paz (ASD, 2009), se analiza los actores sociales que intervienen en contextos de conflicto armado y se definen como conectores, aquellos actores que inciden individual o colectivamente, a través de alianzas y redes, en procesos de paz. A su vez se define a los divisores, como aquellos actores que en lugar de contribuir a la transformación de conflictos y paz, dividen y acentúan las situaciones locales, regionales o nacionales respecto a las violencias y conflictos (Anderson, 1999).

Como vimos en párrafos anteriores, en Colombia las religiones han desempeñado históricamente funciones sociales como divisoras y como conectoras. Como divisoras, cuando a través de sus discursos y prácticas socio-religiosas contribuyen, impiden y/o actúan como actores que en lugar de construir confianzas, transparencias , valores y compromisos éticos para la paz, dividen, señalan, juzgan, y optan por legitimar los poderes responsables de las violencias y conflictos, sea a nivel coyuntural o estructural.

En el contexto de este seminario, es importante realizar este ejerció, este análisis y preguntarnos, cómo nos evaluamos como iglesias? Somos conectores/as o divisores/as? En qué momentos y con qué acciones y discursos contribuimos a fortalecer procesos de transformación de conflictos y paz y en qué momentos, con acciones y discursos contribuimos a generar más violencias?   

5.1 Las espiritualidades como conectores para la paz: 

Proponemos algunas perspectivas que pueden ayudarnos a visualizar las acciones, compromisos y énfasis de nuestras iglesias en esta apuesta ecuménica por y para la paz:

  1. a) La experiencia de construcción del Reino de Dios, Reino de justicia, de paz, de igualdad, de solidaridad aquí en la tierra: “El Dios de Jesús es siempre un Dios con una voluntad, con un proyecto, con una utopía: Dios sueña con un mundo distinto, nuevo, renovado, digno del ser humano y digno de Dios. Y ese proyecto, esa utopía se llama, en las mismas palabras de la boca aramea de Jesús, malkuta Yahave, Reinado de Dios. Este Reinado fue el centro de la vida y la predicación de Jesús. Fue su opción fundamental” (Vigil, pag.23).
  2. b) La opción por los pobres y excluidos de nuestra sociedad: Millones de personas están muriendo de hambre, de enfermedades que se pueden prevenir, en Africa, en Asia, en América Latina. “El número de personas con hambre en el mundo pasó de 850 millones en el 2008, a 1.020 millones en el 2009”, informó la O.N.U en el marco de la Cumbre Contra el hambre y con indignación se constató la ausencia en esta cumbre de casi todos los dirigentes del G8 –el grupo de los ocho países más industrializados del mundo- (Cumbre contra el hambre). Qué proyecto ético, qué proyecto de vida se expresa a través de las personas y países más ricos del mundo?
  3. c) La acogida, la solidaridad para con la población más vulnerable: La opción por los pobres debe -.debería- estar acompañada de actitudes de com-pasión, de entrega, de entusiasmo palabra que en su etimología significa Dios con nosotros (en Theos-mos). Estas actitudes nos fortalecer para realizar compromisos no solamente para satisfacer el hambre por un día sino también para optar por solidaridades de fondo, de cambio y transformación social para transformar los conflictos de orden estructural (hambre, desempleo, tenencia de tierra, salud, educación, vivienda).
  4. d) El compromiso por el desarrollo sostenible y el medio ambiente: Muchas iglesias trabajan acompañando a la población vulnerable pero no definen estrategias de soluciones y prácticas de autosostenibilidad a mediano y largo plazo. Trabajamos en la inmediatez, lo que es importante, pero deberíamos ir más allá, profundizar sobre las causas y consecuencias de los conflictos, para responder con estrategias claras para solucionarlos en el corto, mediano y largo plazo. De igual manera, el problema del medio ambiente ya no es un problema local, es un problema global, nos incumbe a todos/as cuidar los recursos que tenemos, el agua, la biodiversidad, la tierra. El planeta tierra está en peligro y las catástrofes, terremotos, calentamiento global, los cambios energéticos en el sistema planetario,  nos hablan de la urgencia de amar, cuidar y tomar medidas a nivel micro y macro para evitar catástrofes mayores, incluida nuestra propia extinción.
  5. c) La opción por la justicia y la vida con dignidad: Nos une, nos identifica, nos fortalece saber que con nuestros trabajos y desde nuestra fe, estamos contribuyendo para forjar una Colombia justa, equitativa y solidaria, a partir de pequeñas, medianas o grandes apuestas. El Reino de Dios es como una semilla…y si todos/todas sembramos, esta semilla de la Justicia se extenderá y contribuiremos de manera significativa a la paz.
  6. d) La apertura a procesos políticos, económicos, sociales: Muchas iglesias nos hemos encerrado en prácticas asistencialistas, prácticas para responder a la necesidad del día a día. Como lo señalo, son importantes pero la solución real está en responder a los problemas de fondo de nuestra sociedad e incidir, transformar las relaciones políticas, económicas, sociales, avanzar en la construcción de micro y macro poderes (empoderamiento de hombres y mujeres) para formular políticas públicas que beneficien a todos los sectores sociales, étnicas, mujeres, niños, jóvenes y lograr así, mayores equilibrios en la distribución de la riqueza y de la justicia social. 
  7. e) La mediación en conflictos de orden micro y macro social: las iglesias tanto católica como evangélica, tienen un amplio reconocimiento a nivel local, regional y nacional y es importante poner al servicio de la paz este reconocimiento simbólico, político. Como lo señalamos, los conflictos son de diferente orden y es fundamental prepararnos a nivel teórico y metodológico, en la transformación de conflictos y mediaciones para la paz, a nivel familiar, eclesial, vecinal y en esferas macro sociales, en interlocusión con actores que se definen claramente como conectores y conductores de paz.
  8. f) El respeto, apoyo y empoderamiento de las mujeres, las mayorías en las Iglesias. Los aportes de las mujeres son muy valiosos en los procesos de construcción de paz y al ser valorados hay un efecto positivo, tanto en la vida de las iglesias como en su papel como constructora de paz

5.2 Las Espiritualidades como divisores:

Si bien las religiones y espiritualidades cumplen funciones conectoras, también y lastimosamente, dividen. Veamos algunas de estas situaciones:

  1. a) Celos y competencias al interior de las iglesias: Esta es una de las mayores dificultades que bloquean e impiden acciones ecuménicas para la paz. Creer que somos los únicos que actuamos bien, que tenemos la verdad teológica, nos debilita y en lugar de construir procesos de paz nos encierra en círculos sectáreos que inciden en dinámicas de conflictos y violencias, tanto a nivel local, regional y nacional.  
  2. b) Proselitismo y oportunismo, afán de buscar miembros en medio de la crisis: tristemente observamos que algunas iglesias buscan recursos a nivel nacional e internacional para intervenir en contextos de conflicto armado y realizan acciones importantes pero también están buscando oportunidades para ampliar su membresía y de alguna manera “utilizan” el dolor, la angustia, la vulnerabilidad de la gente desplazada, de los pobres del campo y las ciudades para ampliar su institucionalidad. Nuestras acciones respecto a la Ayuda Humanitaria y al acompañamiento de procesos de desarrollo deben estar acompañadas de actitudes críticas y autocríticas para evitar manipulaciones y al contrario, lograr que las personas afectadas emocionalmente logren reconciliarse con valores éticos mínimos de Dignidad, Libertad y Autonomía en sus procesos de opción y toma de decisiones relacionadas con sus Proyectos de Vida, incluida la opción religiosa.

c)Legitimación de la violencia, de los actores que generan diferentes formas de violencias: Igualmente observamos que muchos actores religiosos, hombres y mujeres legitiman con sus discursos y acciones a individuos y grupos sociales que con su poder contribuyen en la generación de conflictos y violencias. Muchas veces se actúa con ingenuidad pero otras, con clara conciencia de sus acciones, opciones, intereses y consecuencias para si mismo/a, para su familia y para sus iglesias. 

  1. d) El diálogo interdenominacional y las resistencias y/o rechazo al diálogo ecuménico: En Colombia se ha avanzado en los diálogos y apuestas interdenominacionales (solamente entre iglesias evangélicas) ecuménicas (Iglesias evangélicas y otras sea católica, ortodoxa), en este caso en múltiples espacios, en Mesas por la Paz a nivel local, regional y nacional, en la Semana Por la Paz, en mediaciones en la trasnformación de conflictos, en Celebraciones y Oraciones por la Paz, entre otras. Desafortunadamente, en muchas iglesias, especialmente pentecostales y en sectores católicos conservadores, se expresan resistencias frente a diálogos y prácticas ecuménicas en función de la vida, de la justicia y de la paz. La tarea es avanzar, salir del denominacionismo al encuentro y al diálogo con otras iglesias.
  2. e) Fundamentalismos religiosos: Generalmente, las religiones, iglesias y actores religiosos que se posicionan más como divisores frente a procesos de construcción de paz, expresan en sus discursos y prácticas religiosas internas, diversas formas de fundamentalismos propios de su formación bíblico-teológica, de su trayectoria socio-histórica, de sus prácticas sociales enmarcadas en un sectarismo que difícilmente posibilita apertura hacia otras cosmovisiones religiosas y hacia nuevas prácticas sociales, políticas, económicas. Desde los 90s a la fecha, se han extendido estos fundamentalismos incidiendo de manera directa en conflictos y guerras, en el Este Europeo, en el Medio Oriente, entre otros. En nuestro caso nos referimos más al fundamentalismo pentecostal. Hay posibilidades de cambio, de resignificación de estos discursos y prácticas socio-religiosas, las religiones no son estáticas, pero en la mayoría de los casos se requiere de eventos especiales que impacten la vida de sus iglesias, de sus líderes y de su membresía para lograr estos cambios y son procesos a mediano y largo plazo.
  3. f) La invisibilización de las mujeres al interior de las iglesias, genera tensiones y conflictos hacia adentro y hacia afuera. La frustración, los resentimientos, la no valoración de sus esfuerzos y trabajos inciden en la dinámica de conflictos interdenominacionales.

CONCLUSIONES ABIERTAS:

A través de la Historia de la Humanidad, las religiones siempre han estado en tensión con la sociedad por su adhesión a los poderes institucionalizados. Estas adhesiones y alianzas han generado conflictos y guerras que han dejado miles de muertes, dolor y resentimientos que se han socializado generacional e históricamente.

Igualmente siempre han existido carismáticos, no en el sentido de la Renovación Carismática sino en el sentido expresado por Max Weber, es decir, personas y colectivos que han contestado estas alianzas y han propuesto modelos de iglesias cercanas y aliadas con los pobres, identificadas con las luchas de las mayorías y gestoras de paz, de justicia y de solidaridad. Son líderes  que evocan pasados de muerte y violencias, recuperan la memoria de los pueblos oprimidos y provocan nuevas lecturas y acciones para transformar la realidad de exclusión y miseria. Son líderes, hombres y mujeres, que convocan a todos los pueblos para una nueva humanidad, nuevas sociedades, donde el Reino de Dios se haga presente y actuante para construir y fortalecer dinámicas de paz duraderas.

Es importante que las iglesias nos preguntemos sobre el papel que estamos desempeñando en medio del conflicto que vivimos en Colombia. Con nuestros discursos y acciones, ¿Qué estamos evocando? Qué provocamos? Para qué acciones convocamos? Somos divisoras o conectoras de acciones que posibiliten la vida, el respeto a los Derechos Humanos, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre todos y todas? Cómo valoramos o por el contrario, invisibilizamos el papel de las mujeres en los procesos de construcción de paz?

Necesitamos avanzar en el conocimiento de la complejidad del conflicto colombiano, en el conocimiento de las causas y consecuencias de las diferentes formas de violencias que hemos experimentado de diversas maneras cinco generaciones. Necesitamos dinamizar nuestro potencial ético cristiano del Reino de Dios para sanar heridas del pasado y posicionarnos como actores y actoras sociales que inciden en políticas públicas en beneficio de toda nuestra sociedad, especialmente de la población más vulnerable. Necesitamos igualmente re-conocer nuestras debilidades y limitaciones, pero también nuestras riquezas, nuestros aprendizajes para ponerlos al servicio de la vida y de la vida con dignidad.  

Para ello, necesitamos combinar nuestras acciones con tiempos y espacios especiales en los que el Espíritu de Dios nos acompañe, nos de fuerzas para atravesar el desierto, para estar en soledad y encontrarnos cara a cara con nuestros miedos, temores, resentimientos, frustraciones y para llenarnos de amor, de confianza, de seguridad para continuar el camino. Necesitamos construir tiempos y espacios colectivos en los que el Espíritu de la Vida, de la Justicia y de la Paz nos anime, nos habite, nos llene de creatividad, de esperanza, de entusiasmo, para expresar con satisfacción que estamos cumpliendo con nuestra misión, para expresar que en medio de las dificultades y de las sombras, la Luz de Dios Padre y Madre nos iluminan con infinita generosidad para encontrar conjuntamente senderos de vida y de vida en abundancia.

Para finalizar, propongo una de las conclusiones del Congreso Internacional de Bioética en diálogo Ecuménico e Interreligioso realizado recientemente: “Los problemas tratados en el congreso abarcan dimensiones planetarias y es por esto que se requiere de esfuerzos internacionales para defender la vida en medio de una cultura globalizada de la muerte. Las religiones deben unir esfuerzos para apoyar a hombres y mujeres creyentes o no, que estén dispuestos a dejar un mundo mejor para las siguientes generaciones. Las barreras sectáreas y fundamentalismos entre las religiones son una contradicción a los mensajes de amor que promueven y divulgan. Es primordial la concreción de iniciativas en defensa de la vida reflejadas en Políticas Públicas y en Políticas Educativas (bioética escolar). La sociedad está cansada de discursos y homilías de buena voluntad y espera acciones, sobre todo, testimonios. Las comunidades confesionales, como actores sociales, pueden proponer alternativas para el cuidado de la vida” (Religiones y Ética de la Vida).

NOTAS

  1. Ana Mercedes Pereira Souza, Trabajadora Social, socióloga, Directora de la Red Ecuménica Nacional de Mujeres Por la Paz.
  2. Pereira S. Ana Mercedes, Fronteras, Mujeres desplazadas y Espiritualidades para la paz. En, Religión y Fronteras, Revista Javeriana N0. 754, Bogotá, mayo, 2009
  3. Lederack, Juan Pablo, La imaginación moral: El arte y el alma de construir la paz. Ediciones Norma, Bogotá, 2009
  4. Izquierdo, Gabriel, Antropología del fenómeno religioso, SE, Bogotá, 2007
  5. Pereira S. Ana Mercedes, Espiritualidades, Desarrollo y Paz. Ed. REMPAZ-CMC, Chinauta, 2006
  6. Brun, Toni, Ir más allá, Ediciones Clara-Semilla, Bogotá, 2003
  7. Boff, Leonardo, Ecología, mundialización, Espiritualidad. Ediciones Atica, San Pablo, Brasil, 1993
  8. Pereira S. Ana Mercedes, Globalización y recomposición del campo religioso en Colombia. Seminario de Antropología, Universidad Javeriana, Bogotá, 1994
  9. Anderson, Mary B. Acción sin  Daño: Cómo la ayuda humanitaria puede apoyar la paz o la guerra. Universidad Nacional, GTZ, COSUDE, Bogotá, 2009
  10. Vigil, José Maria, Creer como Jesús: La espiritualidad del Reino. En Hacia una nueva espiritualidad. Editorial Lascasiana, Managua, 2000
  11. Diario El Tiempo, Cumbre contra el hambre, sin líderes de los países más ricos. Bogotá, noviembre 16, 2009, pág.1-2
  12. Diario El Tiempo, Religiones y Ética de la Vida, Bogotá, noviembre 16, 2009, pág.2-4

 

 

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