ECUMENISMO Y DIALOGO INTER RELIGIOSO EN COLOMBIA. RETOS Y DESAFIOS PARA LA CONSTRUCCION DE PAZ

ECUMENISMO Y DIALOGO INTER RELIGIOSO EN COLOMBIA. RETOS Y DESAFIOS PARA LA CONSTRUCCION DE PAZ

 

“No hay paz entre las naciones sin paz entre las religiones. No hay paz entre las religiones sin dialogo entre ellas”. Hans Kung, 2002

Ana Mercedes Pereira Souza

INTRODUCCION

En Colombia, al igual que en otros países de América Latina y el Caribe, el campo religioso se ha transformado significativamente. La iglesia católica, si bien continua siendo un referente mayoritario  en la cohesión social y construcción de sentido, ya no es la única institución que dinamiza y permea la conciencia religiosa de individuos y grupos de diferentes sectores sociales. Han surgido y/o se definen con mayor libertad, diversas expresiones provenientes de múltiples fuentes y tradiciones relacionadas con lo sagrado. Como lo expresa Bastian, “El campo religioso Latinoamericano se encuentra en plena desregulación debido a la diversificación del mercado de bienes simbólicos de salvación (…) Esta desregulación es el fruto de la multiplicación de sociedades pentecostales independientes del catolicismo y del protestantismo histórico·

El siglo XXI se inicia con un dinamismo religioso o como lo expresan algunos pensadores/as franceses/as, con un “retorno a lo sagrado”, que muestra un rostro plural del mundo simbólico religioso y en consecuencias de las ofertas de salvación, lo cual cuestiona las teorías de la secularización que guiaron pautas de investigación  socio-religiosa en Europa, Estados Unidos y América Latina en las décadas 50s, 60s. 70s., ya que no existe un proceso de “desencantamiento del mundo” sino un nuevo reencantamiento pero desde una pluralidad de visiones religiosa. 

Este nuevo panorama socio-religioso significa grandes retos y desafíos para nuestra sociedad en general y en particular, para la iglesias cristianas, en un contexto como el nuestro en el que le estamos apostando a la inclusión, al reconocimiento, aceptación-valoración de la pluralidad étnico-cultural, religiosa, política e ideológica, como una de las vías para la construcción y el fortalecimiento de la democracia y la paz en nuestra sociedad.

Colombia es un país que ha dedicado muy pocos recursos a la investigación del Hecho Religioso, por ello y en nuestro caso, es muy poco lo que se ha trabajado en torno a la recuperación/sistematización de la memoria histórica del ecumenismo y del dialogo inter-religioso en nuestro país. Nos preguntamos, ¿Cómo se han construido estas relaciones? Que aciertos, limitaciones y dificultades se observan es este caminar?, ¿Qué etapas se han construido, con que énfasis? ¿Qué aprendizajes se han acumulado?  

La sociología de las religiones tuvo varias etapas en las que se analizaron las lógicas institucionales del catolicismo y a partir de los 90s, iniciamos lecturas con preguntas desafiantes para una sociedad cambiante, inmersa en un conflicto interno que deja más de 6 millones de víctimas, una sociedad con problemas de pobreza e injusticia social e infinidad de cambios y crisis de sentido producidas por del modelo económico neoliberal y la globalización. En CINEP realizamos en 1.994, una investigación sociológica que fue pionera en la comprensión de la diversidad religiosa, como hecho social en Bogotá. Francisco de Roux, en ese tiempo director de CINEP, nos propuso realizar este estudio a fin de conocer algunos factores que inciden en estos cambios socio-religiosos, tener una visión respecto a las nuevas formas religiosas en la ciudad, elaborar un mapa de la diversidad religiosa en Bogotá y reflexionar  sobre las posibilidades de construir propuestas ecuménicas para la paz al interior de este nuevo cristianismo urbano-popular. 

Desafortunadamente esta investigación fue coyuntural y presentamos un diagnostico con limitaciones de carácter histórico e interpretativo, sin embargo posteriormente fuimos desarrollando múltiples intuiciones que surgieron desde esta mirada inicial sobre la diversidad religiosa en la capital. Resalto como algo importante de esta experiencia, las preguntas del padre Francisco de Roux, S.J, sobre las posibilidades de diálogos ecuménicos para la paz en medio de un conflicto armado en Colombia.

Durante mi estadía en CINEP y en los años siguientes, coordine en Colombia el proyecto “Cristianismo, pobreza y riqueza en el siglo XXI” (1997-2005), de carácter internacional y ecuménico, en el que participaron teólogos, pastores, miembros de ONGs y Agencias Internacionales de Cooperación de Europa, África, Asia, América Latina. El objetivo de esta investigación fue la de conocer los efectos del neoliberalismo en los sectores populares e iglesias y realizar propuestas de carácter ético a las instituciones que vehiculan la economía mundial, entre ellas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial. Esta experiencia genero sensibilidad en algunos sectores de mujeres católicas, protestantes y pentecostales y creamos, en el año 2000, la Red Ecuménica Nacional de Mujeres Por la Paz, experiencia que reseñaremos más adelante.

 

  • ALGO DE HISTORIA Y DEBATES SOBRE EL ECUMENISMO

 

Hay varias miradas sobre el ecumenismo, por lo tanto diferentes formas de vivirlo y expresarlo. Según el Cardenal Walter Kasper, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad entre Cristianos, “el Ecumenismo viene del termino griego oikoumene, que significa “universal”. Aplicado a nuestro caso, significa el movimiento que trata de reunir a todas las iglesias cristianas de cara a la evangelización en el mundo. El ecumenismo es una marcha hacia la unidad por la oración, la renovación o conversión y el dialogo para la misión 

Según Julio de Santa Ana, teólogo brasilero, “el sentido general que se da a este término es el de referirse a algo universal que se extiende a todo el mundo(…)Sin embargo la aplicación del termino no se limita a la vida religiosa y a la práctica de las instituciones eclesiásticas. En efecto, lo ecuménico es algo que tiene que ver no solo con los cuerpos cristianos, con las iglesias: también se emplea en el ámbito político, económico, cultural. La raíz de la palabra es griega y viene de oikos, que significa casa, lugar donde se vive, espacio donde se desarrolla la vida doméstica, donde las personas tienen un mínimo de bienestar. Relacionado con la palabra oikos se halla la palabra oikia, que se refiere al lugar donde se desarrolla la vida de familia, espacio en el que es posible construir una comunidad.

Santa Ana relaciona también a los conceptos anteriores, con el de oikonomos, que se refiere a la persona del administrador, del mayordomo, que se encarga de la vida de la casa para que se desarrolle de la manera más apropiada: “Como se puede apreciar, la realidad de la casa, del espacio donde se forma y vive la comunidad, no puede separarse de la tarea de edificación constante de la misma. Esa construcción se lleva a cabo tanto en el plano físico como en el plano espiritual y social. Santa Ana insiste en la necesidad de contemplar cuatro dimensiones del ecumenismo: “El sentido de la búsqueda de la unidad del Pueblo de Dios, necesita tener en cuenta las cuatro dimensiones fundamentales de la existencia humana. En primer lugar, la geografía, la realidad concreta que rodea al ser humano, a los diferentes pueblos del planeta. En segundo lugar, la cultural, o sea la forma como la comunidad humana se relaciona con la naturaleza, humanizándola al mismo tiempo que la interioriza, creando valores y manteniendo las tradiciones(…)

En tercer lugar hay que tener en cuenta la experiencia política, que es la propia identidad del otro y expresa formas de organización social que responden a tomas de conciencia singulares, que condensan luchas sociales, esfuerzos por alcanzar altos niveles de convivencia humana(…)Y por último, es necesario dar lugar en el esfuerzo ecuménico a la dimensión religiosa del ser humano. Esto es sobre todo importante para el cristianismo, la religión que propone la unidad de todas las naciones en la Comunidad del Pueblo de Dios. “En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo; ya no hay judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, ya que todos sois uno en Cristo Jesús” (Gal.3, 27-28)”.

Actualmente y teniendo en cuenta la crisis de nuestro planeta, podemos incorporar a estas dimensiones, la dimensión ecológica, trabajada desde hace algunas décadas por Panikkar, (Eco-Sofía, para una espiritualidad de la tierra), Leonardo Boff (Compasión por la tierra) y las mujeres, desde la eco-teología, propuesta promovida por Ivonne Guevara y otras teólogas y biblistas Latinoamericanas. Panikkar a su vez define otra característica del ecumenismo, El dialogo indispensable la para  paz entre las religiones.

Helio Gallardo plantea que el término ecuménico aludía a la tierra conocida y habitada, es decir, “ecuménico remitía a las tareas de conocer la tierra y de habitarla humanamente. Ahora no es posible conocer la tierra y habitarla humanamente sin trabajarla y esto significa relacionarse de una manera practica con la naturaleza y con otros seres humanos (…)El trabajo no debería dañar irreversiblemente aquello sobre lo que se trabaja (la tierra), ni a quien trabaja (los seres humanos)(…)El trabajo es el de posibilitar y potenciar la exigencia de conocer el sentido de la tierra como productora de vida, fuente y referencia de todo trabajo. Por ello su sostenibilidad demanda un sujeto humano(…)Habitar humanamente la tierra quiere decir, habitarla como sujetos. Desde esta lectura, las constituciones nacionales de Ecuador y Bolivia elaboraron un artículo constitucional en el que declaran los “Derechos de la Madre Tierra”, por considerarla un ser viviente al que se les están irrespetando sus derechos, producto de la codicia, de la irresponsabilidad y de la falta de conciencia sobre los daños ocasionados a través de nuestras relaciones con ella.

Esta propuesta es cercana a la del BUEN VIVIR, una experiencia que aporta muchos elementos para re-pensar nuestras relaciones con lo sagrado, con nuestros semejantes, con la naturaleza y con el cosmos: “La filosofía de los conceptos Suma Qamaña, y Sumak Kawsay que traducidos al español significan “vivir bien/”buen vivir”, nacen de las entrañas de los pueblos aymaras y quechuas y significan una relación armoniosa y amorosa entre todos los seres vivientes, la madre tierra y el universo. Para ellos, todo se encuentra articulado, unido, Cosmos, PachaMama, Comunidades, Espiritualidades

Leonardo Boff profundiza en este concepto, señalando que  “En las tradiciones indígenas de Abya Yala (nombre para nuestro continente indoamericano), en vez de “vivir mejor” se habla de “buen vivir”. Esta categoría entro en las constituciones de Ecuador y Bolivia como el objetivo social a ser perseguido por el Estado y por toda la sociedad. El vivir mejor supone una ética del progreso limitado y nos incita a una competición con los otros para crear más y más condiciones para “vivir mejor”. El “buen vivir” apunta a una ética de lo suficiente para toda la comunidad y no solamente para el individuo. El “buen vivir” supone una visión holística e integradora del ser humano, inmerso en la gran comunidad terrenal, que incluye además del ser humano, el aire, el agua, los suelos, las montañas, los árboles y los animales; es estar en profunda comunión con la Pachamama (tierra), con las energías del universo y con Dios

 

  •  BREVE MIRADA A LA HISTORIA DEL ECUMENISMO  Y EL DIALOGO INTERRELIGIOSO

 

Existen variadas lecturas sobre el Ecumenismo y el Dialogo Inter-religioso pero en general, se trata de descubrir “los lazos comunes que se derivan de la creencia en un Dios único, aunque la imagen que cada religión tiene de El entrañe diferencias, incluso profundas(…)Una vez que se ha encontrado esos lazos morales compartidos por todos, se ha visto que tales valores tienen una base religiosa, la de cada religión. Este es el primero y gran fruto del dialogo inter-religioso no de naturaleza dogmático-doctrinal, sino ético-moral (…)El dialogo inter-religioso más que una super-espiritualidad apunta a una inter-espiritualidad o descubrimiento de lazos humanos y religiosos que entraña la creencia en Dios. Por este camino la inter-espiritualidad aporta a la ética mundial un complemento porque aquella entraña posibilidades como apertura, presencia, escucha, espontaneidad, entrega, alegría

El dialogo interreligioso no busca crear una sola religión, al contrario, busca un reconocimiento y respeto mutuo entre las iglesias participantes: “El dialogo inter-religioso reúne a creyentes de las diferentes tradiciones religiosas. No busca fundar una nueva religión ni mezclar las religiones aleatoriamente, sino que se conozcan y se respeten mutuamente. El dialogo inter-religioso no permite el eclecticismo ni la confusión de identidades, ni prejuzga sobre la verdad, la calidad o la preeminencia de una de las creencias sobre las otras. Más bien es una oportunidad privilegiada para profundizar en la identidad propia sin menospreciar la de los otros.

Desde este reconocimiento, surgieron en el siglo XIX y XX algunas experiencias de carácter internacional, preocupadas por la paz mundial, la pobreza y la justicia. Así por ejemplo, el Primer Congreso de las Religiones del Mundo, 1893, en el que se encontraron por primera vez religiones de occidente y de Asia, tenía como preocupación la paz en el mundo. Igualmente, el Segundo Congreso de esta organización realizado un siglo después, 1993, se caracterizó por la masiva afluencia de jefes de casi todas las religiones que redactaron una declaración final titulada “Hacia una ética mundial, una aportación a la cultura de la paz fundada en la regla de oro de cada religión”. 

En el siglo XX, con los traumas y perdidas humanas de la Primera y Segunda Guerra Mundial, muchas iglesias preocupadas por sus responsabilidades en los procesos de construcción de paz, crearon varios organismos que finalmente confluyeron en la creación del CONSEJO MUNDIAL DE IGLESIAS: “A partir de la Primera Guerra Mundial, muchas iglesias del hemisferio norte se mostraban preocupadas por sus responsabilidades en la paz y por la justicia en el mundo. En 1914 fue fundada en Constanza, Alemania, la Alianza Universal  por la Amistad Internacional a través de las iglesias. 

Una vez terminada la guerra las estas iglesias se preocuparon por contribuir en el restablecimiento de una paz justa y durable y por formular una respuesta cristiana a la situación económica, social y moral de la post-guerra. Después de varias reuniones para tratar estos aspectos, se reunieron en una conferencia sobre “Cristianismo Practico” lo cual dio origen en Estocolmo, 1925, al movimiento “Vida y Acción” y el movimiento “Fe y Orden” y en los años siguientes continuaron estas relaciones con una serie de conferencias y nuevas alianzas, hasta crear el 23 de agosto de 1948, el Consejo Mundial de Iglesias,CMI, como una asociación de iglesias que aceptan a nuestro Señor Jesús Cristo como Dios y Salvador. Las funciones atribuidas a este Consejo fueron las siguientes:

  • Dar continuidad al trabajo desarrollado por los movimientos mundiales de Fe y Orden y Vida y Trabajo 
  • Crear facilidades para acciones comunes en las iglesias
  • Promover estudios comunes
  • Desarrollar la conciencia ecuménica en los fieles de todas las iglesias
  • Establecer relaciones y alianzas de carácter mundial y con otros movimientos ecuménicos
  • Convocar cuando las circunstancias lo exijan, conferencias mundiales que estarán autorizadas a publicar sus propias conclusiones
  • Apoyar a las iglesias en sus esfuerzos de evangelización

La iglesia católica estuvo alejada de estos procesos iniciales de creación del Consejo Mundial de Iglesias, pero en 1959 en contextos de Vaticano II, el Papa Juan XXIII, señalaba que este concilio se realizaba para la renovación del iglesia (aggiornamento) y para la apertura de la iglesia al ecumenismo y al mundo. En 1960 se crea el Secretariado Romano para la Unidad de los Cristianos y en la tercera asamblea del CMI en Nueva Deli, 1961, la iglesia católica empieza a participar  en cada una de las asambleas generales. En 1964 el Papa Paulo VI promulga el Decreto conciliar sobre ecumenismo Unitatis Reintegratio que amplía el horizonte eclesiológico de la iglesia:

No se trata de los principios ecuménicos del ecumenismo católico sino de los principios católicos del ecumenismo. En otras palabras, la iglesia católica reconoce que no hay un ecumenismo católico en contraposición a un ecumenismo protestante u ortodoxo. Hay un único movimiento ecuménico al cual se van adhiriendo las diferentes iglesias, cada una a partir de su propia índole y de sus posiciones doctrinales Es así como en 1965 se crea el “Grupo de Trabajo Conjunto”, comisión mixta conformada por teólogos católicos nombrados por el Vaticano y teólogos protestantes y ortodoxos nombrados por el CMI para trabajar temas doctrinales y a partir de la cuarta Asamblea del CMI en Uppsala, Suecia, 1968, un grupo de 12 teólogos católicos pasa a conformar en condiciones de igualdad con los demás la Comisión “Fe y Orden”. De 1965 a 1980 funciona una comisión mixta que se ocupa de aspectos relacionados con la paz, conocida como la SODEPAX.

 

  • EL PROYECTO ECUMENICO EN AMERICA LATINA

 

En América Latina las iglesias protestantes tienen también sus propias dinámicas a partir del Congreso de Panamá, en 1916. Se crea en Brasil la Conferencia Evangélica de Brasil, 1933 y como consecuencia de múltiples eventos, encuentros, seminarios apoyados por el CMI, surgen diversas instituciones, como las Conferencias Evangélicas Latino-Americanas-CELAS, la Junta Latino americana de Iglesia y Sociedad que después se transforma en Iglesia y Sociedad en América Latina, ISAL. A mediados de los 70s se crea la Comisión Ecuménica Latinoamericana de Educación Cristiana, CELADEC, con sede en Lima que cumple entre otros, un papel importante en la multiplicación teórico -metodológica de la Educación Popular de Paulo Freire. 

Mas adelante se crea el CENTRO ECUMENICO DE INFORMACION, CEDI, que cumple una función importante en la socialización de las reflexiones sobre la Teología de la Liberación y CEBs tanto en Brasil como en América Latina. Las Conferencias de nuestros obispos en América Latina, MEDELLIN, 1968, PUEBLA, 1979, SANTO DOMINGO, 2002, APARECIDA, 2012, van generando procesos de acercamiento, reflexión y acción entre actores religiosos protestantes y católicos. En Brasil, Argentina, Uruguay, se van dando procesos ecuménicos, en torno a la opción por los pobres y la Teología de la Liberación y Comunidades Eclesiales de Base. 

En la coyuntura de la Caída del Muro de Berlín, de la imposición neoliberal y de dinámicas de la involución de la Iglesia Católica, algunos de los procesos de la TL-CEBs entran en crisis, otros desaparecen y otros se reconfiguran en nuevos escenarios a partir de 1992, en el marco de la Conmemoración de los 500 años de Resistencia de los Pueblos Latinoamericanos y del Caribe, realizada en Quito, Ecuador.

 A comienzos de los 80s y fruto de todas estas experiencias, nace en 1982, el Consejo Latinoamericano de Iglesias, CLAI que ha animado desde su creación hasta hoy, diferentes esfuerzos ecuménicos en América Latina y el Caribe. Todo este dinamismo explica en cierta manera por que en Brasil se desarrolló tanto una nueva producción teológica y socio-pastoral, TL-CEBs- como  también una gama de investigaciones socio-religiosas que fueron referentes para el continente. 

 

  • PROCESOS ECUMENICOS EN COLOMBIA

 

Si miramos con actitud crítica nuestro pasado observamos que en gran parte de las guerras y conflictos en nuestra sociedad en los siglos XIX y XX , se expresan diversos niveles de polarización: sectores conservadores ligados a la iglesia católica y sectores liberales a las iglesias protestantes, tensiones y conflictos que dieron origen al “imaginario del enemigo”, los “buenos y/o los malos”. Desde el siglo XIX se reproduce culturalmente y  generacionalmente la “imagen del enemigo” y en coyunturas específicas, estos imaginarios se expresan con mayor fuerza produciendo las violencias de las que hemos sido testigos en el siglo XX y el siglo XXI.

 

En el siglo XX hay tres momentos significativos que dan cuenta de estas lógicas:

  1. La reforma política Liberal, 1930, mediante la cual el sector encabezado por el presidente Alfonso López Pumarejo pretendió disminuir significativamente las funciones y privilegios de la institución eclesiástica.
  2. El proyecto de contrarreforma corporativa  de 1952 -1953 que tenía el propósito de reconstruir, de manera reforzada, la alianza de la Iglesia y el Estado.
  3. La Constitución de 1991 que abrió paso a la diversidad y pluralidad religiosa 

Como lo expresa Figueroa, “A los conservadores el dogmatismo católico les permite intentar crear un Régimen de Cristiandad (en esta manera de gobierno los conservadores se asocian a la institución eclesiástica para gobernar) en oposición a cierto laicismo liberal. El liberalismo por su parte intento secularizar la sociedad estimulando la llegada al país de los protestantes. Dos modelos políticos que terminarían por enfrentarse en los campos de batalla y entablar por momentos varias guerras con fuerte componente de tipo religioso 

Durante la “Época de la violencia”, 1.948-1958, las iglesias protestantes eran una minoría religiosa y fueron perseguidas por su relación con el liberalismo. Al igual que millones de personas que huyeron de la violencia hacia las ciudades, (Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla), las iglesias protestantes también emigraron buscando refugio en los centros urbanos y emigraron con sus pocos haberes trayendo consigo la memoria de la persecución religiosa, hecho que en algunos casos, ha sido una limitación para realizar procesos ecuménicos. De otro lado, esta persecución y la migración de las iglesias a las ciudades, dio origen a una nueva etapa de crecimiento y desarrollo no solo del protestantismo histórico, sino también del pentecostalismo

La coyuntura de las décadas 50s y 60s es muy interesante para analizar cómo, en un contexto de modernización de la sociedad colombiana, nacen y/o se expresan nuevas formas religiosas, tanto en el catolicismo como al interior de protestantismo e incluso, muchas de las nuevas formas que hoy conocemos como la Nueva Era

Respecto al ecumenismo, “El Concilio Vaticano II constituyo en el acontecimiento que vino a darle el impulso que necesitaba el ecumenismo en el continente Latinoamericano, significando, la superación en gran parte,  de los análisis de carácter apologético que se hacían acerca de la existencia de otras comunidades cristianas no católicas(…)El documento Unitatis Redintegratio aprobado y promulgado el 21 de noviembre de 1964, constituye para la reflexión episcopal de América Latina, no solo el punto de partida de las importantes relaciones que se establecieron con las otras iglesias Cristianas, sino también un punto de llegada de los esfuerzos que se venían desplegando en la búsqueda de la unidad de los cristianos.

Se inicia el proceso de organización de Diócesis y parroquias, se crea el CELAM y los diferentes departamentos, entre ellos, el Departamento Ecuménico del CELAM, a través del cual se han realizado múltiples eventos y reflexiones en el continente. Pero el Concilio Vaticano II fue también fuente de sensibilización e inspiración para otras vertientes socio-teológicas y pastorales al interior del catolicismo. Nos referimos al surgimiento de nuevos actores e instituciones religiosas. Camilo Torres daba su testimonio del “Amor Eficaz”. En Medellín se realizaban las “Semanas Bíblicas” de carácter ecuménico, nacen los colectivos de sacerdotes GOLCONDA y Sacerdotes para América Latina, SAL, CRISTIANOS POR EL SOCIALISMO y nuevas instituciones como CINEP, EL SERVICIO COLOMBIANO DE COMUNICACIÓN SOCIAL, DIMENSION EDUCATIVA, entre otras.

De otro lado, las iglesias protestantes, en un contexto de persecución religiosa, crean en 1.959, la CONFERENCIA EVAGELICA DE COLOMBIA, CEDECOL, e inician un proceso de articulaciones integrando en este primer momento, a iglesias históricas y más adelante, en los 90s, a iglesias pentecostales. Estas dinámicas van transformando el campo religioso colombiano, generando adhesiones y también conflictos entre estos nuevos actores/as religiosos/as y las jerarquías católicas colombianas.

 

  • PLURALISMO, ECUMENISMO Y DIALOGO INTERELIGIOSO

 

Hay diferencias y relaciones entre estos tres conceptos, lo cual es importante clarificar para comprender las dimensiones de cada uno de ellos. Como bien lo admiten gran parte de los estudiosos tanto de las culturas como de las religiones, hoy por hoy no podemos desconocer esta realidad pluri-etnica, pluri-cultural y religiosa en nuestras sociedades. Esta realidad fue  reconocida y asumida en nuestra constitución de 1991, sin embargo, hace falta trabajar para que la sociedad colombiana asimile conscientemente este hecho plural. “Así el pluralismo no es simplemente descriptivo de la presencia de múltiples opciones, sino positivo reconocimiento de la pluralidad como una evaluación positiva por parte del colectivo. A la realidad empírica de la diversidad religiosa debe corresponder el pluralismo como manera política y cultural de tomar en cuenta la diversidad

El ecumenismo como ya se ha expresado, es un movimiento que tiende hacia la unidad o solidaridad en la vida y en la obra cristiana de todo el mundo y el Dialogo Interreligioso quiere descubrir la presencia activa del Espíritu Santo en las tradiciones religiosas. Por ello el diálogo interreligioso se fundamenta en la propia fe. A través de este dialogo se pretende no solo conocer, apreciar y respetar las otras experiencias religiosas, sino cooperar junto a las otras religiones en la solución de los grandes problemas de la humanidad: paz, justicia, ecología, entendimiento entre los pueblos, etc.

 

  • EL ECUMENISMO EN COLOMBIA: PROPUESTAS EN CONSTRUCCION

 

Al igual que en Brasil, los nuevos actores e instituciones surgidas en Colombia en los años 60s y 70s, dan cuenta de los primeros pasos hacia la construcción de propuestas ecuménicas, pero son pocos los esfuerzos realizados en aras de la sistematización de estos procesos. Sin embargo cabe resaltar, en esta perspectiva ecuménica, el trabajo continuo del CENTRO POPULAR PARA AMERICA LATINA DE COMUNICACIÓN, CEPALC, fundado por Amparo Beltrán, el 6 de enero de 1978. De la publicación “La Comunicación, un acto de amor, CEPALC, 20 años”, resaltamos algunos aspectos de este caminar: 

A finales de la década de los 70s no existían centros o instituciones que enseñaran en forma sistemática los lenguajes de la comunicación en los sectores populares(…)Amparo decidió fundar CEPALC para empezar a llenar el vacío de capacitación que existía en el área de comunicación dentro de los sectores populares(…)No contando con recursos económicos propios el equipo comenzó a funcionar a destajo, de manera muy informal. Tras un año de trabajo se recibían las primeras donaciones para el proyecto de CEPALC, por parte de DESARROLLO Y PAZ, una agencia canadiense de cooperación internacional(…)CINEP, instituto de los padres jesuitas, les ofreció una sede provisional.

La persona valiosa y pilar fundamental de esta nueva etapa, dinámico y muy profesional, fue Félix Posada, quien le encontró sentido a este trabajo de comunicación popular. Era el director del instituto Matia Malumba de Buenaventura-Valle, instituto que se dedicaba a la promoción de las negritudes(…)Amparo y Félix decidieron unir sus vidas en diciembre de 1981 y dedicarlas a este proyecto social.

Para 1992 iniciamos una reorganización de nuestro trabajo, lo cual implico definir con absoluta precisión nuestro compromiso con la sociedad civil y las organizaciones que luchaban por una salida pacífica, justa, al conflicto que sufría el país(…)La redefinición de objetivos nos llevó a comprometernos en nuevas áreas de trabajo como el ecumenismo y la comunicación popular dirigida a niños. Sentíamos la necesidad de reafirmar la identidad cristiana del centro y el ecumenismo nos brindaba espacios, no solo para corroborar esta identidad, sino para trabajar el dialogo, la tolerancia y la construcción de paz entre gentes de diferentes denominaciones religiosas. Entre 1992 y 1993 pusimos en marcha sendos programas de Ecumenismo y Comunicación Popular Infantil. En el programa de Ecumenismo organizamos y animamos colectivos de Comunicadores Cristianos en Bogotá y Medellín, entramos en contacto con diferentes iglesias cristianas y empezamos a organizar Encuentros Nacionales de Comunicación Cristiana (…) 

Los colectivos están integrados por gentes de diferentes confesiones religiosas, unidos por una común preocupación por los intereses de los sectores populares y la construcción de una sociedad basada en los valores evangélicos(…)Además se creó un pequeño boletín como órgano de comunicación no solo de los colectivos sino entre las integrantes de las diferentes iglesias. El boletín se llamó UNIDAD (…)Estos colectivos organizaron la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, retomando la idea que surgiera a nivel mundial por iniciativa de la Iglesia Católica Romana.

Todas estas iniciativas han servido para ir venciendo las barreras y desconfianzas que existían y que en algunos casos todavía existen entre las diferentes iglesias. No ha sido fácil este logro pero la perseverancia y la ayuda de Cristo, Pastor de la Unidad, han servido para concientizar o por lo menos inquietar a las iglesias sobre el movimiento ecuménico. Los colectivos de Bogotá y Medellín cuentan con representantes de las siguientes iglesias: Luterana, Metodista, Presbiteriana, Anglicana, Ortodoxa, Menonita, Bautista, Interamericana y Católica Romana, hecho que demuestra la variedad y riqueza de sus aportes

En la actualidad Amparo Beltrán continúa en unión con otros colectivos, su compromiso ecuménico y el diálogo interreligioso, articulando este proyecto a autoridades eclesiásticas y bases no solo de las iglesias cristianas sino también de otras religiones presentes en Bogotá. La revista ENCUENTRO ha sido el órgano de comunicación popular entre los diversos espacios cristianos de formación que CEPALC acompaña.

 

  • IGLESIA CATOLICA COLOMBIANA Y ACCIONES ECUMENICAS PARA LA PAZ

 

La iglesia católica como institución, en su conjunto, no es homogénea, al contrario se expresan en sus actores religiosos,  diversas generaciones, mentalidades, trayectorias, lo cual explica las tensiones, conflictos y posicionamientos frente al ecumenismo y a las opciones de sectores de la Iglesia Latinoamericana-colombiana en la década de los 60s. Un aprendizaje de esta etapa dolorosa fue el comprender que se reprodujeron acciones de intolerancia y falta de respeto entre los diversos actores/as y por lo tanto, es también importante aprender a tratar los conflictos internos de manera dialogal y comprensiva. ¿Si no hay diálogos hacia adentro, como podemos propiciar diálogos hacia afuera? Sin duda, esta experiencia dialogal debe –debería- realizarse tanto hacia adentro como hacia afuera de las instituciones religiosas.

García explica la dinámica del Episcopado colombiano en estas décadas: “Los señores obispos en el periodo de 1978 a 1985 se mantuvieron distantes de los procesos sociales a favor de la paz y silenciosos frente a la violación sistemática de los Derechos Humanos en Colombia. Sin embargo, en el siguiente periodo, 1986 y 1992, la Iglesia Católica gana en protagonismo en el movimiento que comienza a consolidar la movilización por la paz y se generaron una serie de iniciativas y organizaciones para promoverla(…)A esto se agrega el creciente papel que va a tener la Iglesia en los procesos de paz, como mediadora o testigo de los mismos…)Una última característica que queremos resaltar del aporte de la iglesia a la movilización por la paz ha sido la manera como ha hecho este trabajo concertadamente con otros actores, tanto de otras iglesias como de la Sociedad Civil y el Estado. 

La mitad de las acciones colectivas promovidas por la Iglesia se han hecho en asocio con otros actores sociales, mostrando la necesidad de construcción de consensos y de asociar fuerzas para promover las transformaciones necesarias para consolidar una paz duradera.(…)como es el caso de las Mesas Por la Paz, de distintas organizaciones como REDEPAZ y la Asamblea de la Sociedad Civil por la Paz, en campañas anuales como la Semana Por la Paz y múltiples marchas y movilizaciones para protestar contra la violencia y demandar la paz en distintas regiones del país 

La iglesia Católica y en especial el Secretariado Nacional de Pastoral Social y la Comisión de Ecumenismo del Episcopado, se han sumado en los últimos años a múltiples experiencias de construcción de paz y reconciliación en diversas regiones del país. Igualmente se ha construido un proceso ecuménico participativo en la organización  y delegación de actividades de la Semana Por la Paz, el Día Mundial de la Oración y otros eventos de carácter regional y nacional.

 

  • IGLESIAS PROTESTANTES Y CONSTRUCCION DE PAZ: Experiencia de la Iglesia Menonita

 

Sin duda alguna todas las Iglesias Históricas están comprometidas en procesos ecuménicos para la paz y la defensa de los Derechos Humanos pero no contamos en el momento con una visión de conjunto de sus acciones, sin embargo deseamos reflexionar sobre un proceso novedoso implementado por la Iglesia Menonita de Colombia a través de JUSTAPAZ, su institución para la acción social: Iglesias Santuarios de Paz.

A inicios de los 90, personas de iglesias cristianas de diferentes denominaciones y procedentes de distintas regiones del país, manifestaron preocupaciones por las diferentes situaciones de violencia que se Vivian en sus regiones y que tenían efectos en las personas de las iglesias, en los templos y comunidades de fe. Es así como se identifica la necesidad de hacer un acompañamiento que consistió en el acercamiento pastoral, orar juntos y brindar algunas herramientas desde la no violencia y la resolución de conflictos a líderes de iglesias.

Este discernimiento de la Palabra de Dios nos llevó a plantear una visión concreta para nuestra realidad colombiana. Esta visión se denomina Iglesias como Santuarios de Paz, como orientación para el quehacer de las iglesias en Colombia que viven en medio de situaciones de violencia. Esta visión tiene tres componentes:

Un pueblo que lleno del Espíritu Santo y en ejercicio de sus dones, talentos y ministerios, acoge a personas afectadas por la guerra material y espiritual que se vive en nuestro país, afirmándoles en el evangelio pacificador del Señor Jesucristo, buscando su recuperación personal, familiar, espiritual y social y la salvación integral en Dios.

Un mensaje de no violencia que discierne los tiempos desde el Evangelio y hace un llamado al arrepentimiento del Reino, forma a las personas para vida pacífica y reconciliada, forma para la transformación no violenta de los conflictos, promueve la objeción de conciencia a la formación y practica armada y reconstruye el tejido social de nuestro país a partir de estos presupuestos.

Un espacio físico o territorio de paz que se anuncia públicamente como tal y exige respeto de toda violación por la fuerza. Posibilita encuentros cara a cara entre oponentes, debates y discusiones públicas, momentos de oración y reflexión donde todas las personas que lo deseen se pueden sentir seguras y protegidas. Es refugio para las personas perseguidas por sus convicciones o afectadas por la violencia o la injusticia. Es un sitio de protección al amparo de la comunidad de fe.

“En estos años existen por lo menos 100 iglesias locales quienes se han declarado Iglesias Santuarios de Paz o desarrollan acciones ministeriales en favor de la paz(…)Por otro lado, esta visión de Iglesias como santuarios de Paz ha inspirado otros procesos, como el de documentación de violaciones de Derechos Humanos de personas de iglesias cristianas evangélicas y que se ha traducido en la producción del Informe anual Un Llamado Profético, iniciativa de acompañamiento a victimas e incidencia política ante instancias del gobierno nacional”.

Desde estas experiencias, la Iglesia Menonita de Colombia ha realizado múltiples acciones como el Fortalecimiento de las capacidades para la construcción de paz del liderazgo de las iglesias, Definición de la vocación como iglesias, Vigilias y jornadas de oración, Concertación con el gobierno, Reconocimiento de la verdad desde la perspectiva de las víctimas, Participación en la Plataforma de  Sociedad Civil, Paz y Derechos humanos, Acompañamiento a las víctimas, Acciones jurídicas, Acogida a delegaciones internacionales, Giras Internacionales, Misiones Humanitarias, Promoción de una declaración de 38 congresistas DE Estados Unidos respaldando a JUSTAPAZ, entre otras. 

 

 

  • REDES ECUMENICAS POR LA PAZ

 

El nuevo milenio se inició en Colombia con experiencias de trauma, dolor y sufrimiento de millones de personas que experimentaban diferentes formas de violencias como consecuencia del conflicto armado. En estos contextos surgen varios proyectos de consolidación de redes de  de carácter ecuménico. A continuación presentamos algunos rasgos de estas experiencias:

 

  • Red Ecuménica Nacional de Mujeres por la Paz, 2000.

 

Como lo expresamos en páginas anteriores esta fue una de las primeras iniciativas al interior de las iglesias cristianas. Su opción fundamental fue la de acompañar en una perspectiva ecuménica, a mujeres de sectores populares en general y víctimas del conflicto armado en particular. En 1.998 creamos un equipo ecuménico conformado por mujeres de las Iglesias Presbiteriana, Luterana, Anglicana, pentecostales y católicas para desarrollar las actividades promovidas por el proyecto “Cristianismo, Pobreza y Riqueza en el siglo XXI”.

Los trabajos realizados, recolección de entrevistas a mujeres, instituciones sobre su experiencia y/o percepción sobre la pobreza y la riqueza en Colombia y elaboración del documento final sobre Colombia y el I Simposio Nacional “Mujeres, Iglesias e impactos del Neoliberalismo”, Bogotá, 1999, acompañado por investigadores/as de CINEP y de la Universidad Nacional de Colombia, generaron expectativas de continuidad en la mayoría de las participantes, quienes sugirieron darle continuidad a esta propuesta, de reflexión, animación, formación integral a las mujeres cristianas del país.

Fue así como desde esta red se iniciaron una serie de actividades entre el 2001 y el 2003, talleres y simposios en los departamentos del Putumayo, Cauca, Caquetá y Nariño, facilitando procesos de formación integral en la perspectiva de género, diagnósticos sobre la situación de las mujeres, análisis de coyuntura local-regional- nacional, efectos del conflicto armado sobre las mujeres, transformación de conflictos, entre otros.

Simultáneamente realizamos trabajos de campo y diagnósticos sobre la situación de las mujeres desplazadas en Sincelejo y finalmente, después de una evaluación sobre esta primera etapa, en la que analizamos que era importante el trabajo en el sur de Colombia, pero que allá, por falta de recursos y de un equipo permanente en nuestra red solamente podíamos realizar acciones coyunturales, decidimos retirarnos del sur, ubicarnos en Sincelejo y destinar nuestros recursos para acompañar de manera continua y generar procesos educativos, organizativos y socio-económicos con las mujeres desplazadas, provenientes de los Montes de María (Sucre y Bolívar) y de otras regiones del país.

Para el 2005, con una financiación estable de CMC-Holanda, iniciamos una propuesta Ecuménica de Escuela de Mujeres Para la Paz y la facilitación de Diplomados anuales, 2005-20012, en la perspectiva de Educación Popular No formal, para apoyar el empoderamiento de las mujeres víctimas del conflicto armado, respecto a sus derechos en el marco de la Constitución Nacional y de Ley de Verdad, Justicia y Reparación y garantías de no repetición. Los temas fueron definidos por las participantes quienes veían la necesidad de asimilar conocimientos respecto a los Derechos Humanos, Derecho Internacional Humanitario, Derechos de las Mujeres, Derechos Económicos, sociales, culturales, DESC, Transformación de Conflictos, No violencia contra las Mujeres, Espiritualidades y Planes de Vida, entre otros.

A partir del 2012 iniciamos un proceso de acompañamiento a las Madres y Esposas de Desaparecidos de Sucre, (apoyos psico-sociales, formacion integral, fortalecimiento de su organización, articulación con otras organizaciones) una asociación de 80 señoras, y de otro lado, acompañamiento a familias en retorno a sus comunidades de origen en los Montes de María-Sucre. Nuestra apuesta actual es la fortalecer a comunidades de 6 corregimientos en la creación y consolidación de sus Planes de Desarrollo Local y la reivindicación de sus derechos,   formación para la Incidencia Política, igualmente en el marco de la Ley de Verdad, Justicia y Reparación. La mayoría de estas familias son de tradición y/o conversas al pentecostalismo, aspecto que nos desafía y anima en la construcción de procesos ecuménicos de base en los que hemos vivido una apertura muy grande por parte de las y los participantes en estas apuestas micro-sociales por  y para la paz.

Nuestra red ha participado en diferentes espacios ecuménicos internacionales, especialmente en La Haya, Holanda, San Gallen-Suiza y Birmingham, Inglaterra. Hemos contado con el apoyo solidario de diferentes organizaciones e iglesias ecuménicas de Europa para realizar nuestros compromisos y en América Latina hemos participado en diversos espacios de formación en temas Biblia y Mujer (ISEDET-Buenos Aires, DEI-Costa Rica, Anudando, Quito) Ciudad y Biblia (Centro Ecuménico Martin Luther King, La Habana), Eco-teología (Cons-pirando Santiago de Chile), Buen Vivir (Quito), Ecumenismo y Dialogo interreligioso (CESEP-San Pablo), entre otros.

9.2 Red Ecuménica de Mujeres Constructoras de Paz

Esta Red se crea en el 2004 en una relación estrecha con mujeres que participan en el Departamento de Pastoral de la Mujer del Secretariado Nacional de Pastoral Social, JUSTAPAZ y la Conferencia de Religiosas de Colombia y sus relaciones con mujeres de iglesias de diferentes regiones del país. Se dinamiza en el contexto de unas visitas e intercambios con  dos profesionales activistas por la Paz de la Universidad de la Paz-Estados Unidos y de agencias de cooperación de Europa.

Somos mujeres constructoras de Paz comprometidas con el Evangelio desde todos los rincones de nuestro querido país, queremos fortalecer cada dia nuestra opción por una Colombia reconciliada, justa, en la que todas y todos podamos vivir en paz. Trabajamos cada día para que nosotras y las futuras generaciones puedan disfrutar de amaneceres diferentes

Esta red surge igualmente en un momento álgido del conflicto armado en el que se observa claramente que la mayoría de las víctimas son mujeres. En Alianza con la Escuela Ecuménica para la Paz de la fundación SERCOLDES, anterior Servicio Colombiano de Comunicación Social y asesoras y asesores de la Universidad para la Paz, facilitan espacios para el intercambio y la formación integral (Género, Mujer y Biblia, Incidencia Política, Transformación de conflictos, entre otros) de mujeres en varias regiones del país. Entre la Red Ecuménica Nacional de Mujeres Por la Paz y la Red Ecuménica de Mujeres constructoras de paz existen relaciones de amistad, de mutua colaboración y participación en los espacios que cada red acompaña.

 9.3 La Red Ecuménica Nacional de Colombia

Esta red tiene sus orígenes en una de las vertientes de la Teología de la Liberación y las Comunidades Eclesiales de Base en Colombia. Miembros de CEBs y de instituciones eclesiales, decidieron, igualmente en contextos del conflicto armado, crear esta red en alianza con algunas iglesias protestantes, sensibles al ecumenismo y al trabajo de acompañamiento a las víctimas del conflicto armado: “En el 2001, el CMI organizo una amplia delegación conformada por organizaciones cristianas y sociales a Europa. En una reunión realizada en Ginebra entre esta delegación y otros espacios ecuménicos europeos, se acuerda dar los pasos para la construcción de un “referente” en Colombia. 

Las reflexiones e inquietudes surgidas en esos espacios, dieron origen en septiembre del 2001 a la Red Ecuménica de Iglesias de Iglesias y Organizaciones Cristianas de Colombia, cuando varios de sus líderes se reunieron  para compartir el trabajo que realizan a favor de los desplazados y víctimas del conflicto en Colombia. Desde acciones concretas se propone avanzar en la construcción de un referente ecuménico, en el ámbito nacional e internacional que logre aportar e incidir en la superación de la crisis general que vive el país. Quienes conforman inicialmente la Red Ecuménica son: la Iglesia Presbiteriana, la Iglesia Luterana, la Iglesia Metodista, la Iglesia Interamericana de Laureles (Medellín), la Comisión Inter-Eclesial de Justicia y Paz, la Arquidiócesis de Cartagena, el Seminario Bautista de Cali, la Iglesia Bautista de Colombia. (…)En este mismo sentido se definieron como ejes centrales de su acción: 

 

  • La articulación del trabajo de atención a la población desplazada
  • Incidencia Política

 

  • Aportar a la superación de la crisis de derechos humanos, la construcción de justicia y alternativas de paz

Esta Red Ecuménica se ha ido ampliando y a través de diversas relaciones tanto a nivel nacional como internacional y desde sus vínculos con el CMI, el CLAI y CEDECOL. 

Para finalizar esta reflexión, retomamos una de las ideas centrales de Hans Kung en su última visita a Colombia, cuando nos compartió su reflexión sobre una Ética Mundial y fue más allá proponiendo una Teología Ecuménica Para la Paz: “Es preciso buscar una transformación, un entendimiento religioso y una colaboración absolutamente necesaria para la paz entre las religiones y para la paz entre las naciones(…)Es urgente comenzar por una teología de la paz entre cristianos, judíos y musulmanes no solamente para evitar todas las guerras frías y calientes (en el Próximo Oriente y en otras partes), sino también para acabar con toda clase de funesta auto justificación, intolerancia y competividad. En todo caso, una Teología de la paz, que debe acreditarse por su concreción

Colombia requiere para la construcción de la paz, esfuerzos de unidad y solidaridad para con las victimas del modelo neoliberal y las víctimas del conflicto armado. Como lo observamos, todos los procesos ecuménicos tanto de Europa como de América Latina y Colombia tienen como marco de referencia el cuestionamiento sobre sus acciones y sobre el que hacer en contextos de guerras y daños ocasionados en estas circunstancias. Nos corresponde como cristianas/os, preguntarnos, siguiendo a Julio Santa Ana, cuales son nuestros compromisos éticos, políticos, geográficos, culturales, económicos, ecologicos, respecto nuestra sociedad en general y en particular a los pobres  y a las víctimas del conflicto en particular y como desarrollar iniciativas sencillas de carácter ecuménico que se vayan articulando a nuevos espacios o a los que están en proceso.   

 

  • APRENDIZAJES DE UNA EXPERIENCIA ECUMENICA PERSONAL

 

Tanto la investigación de CINEP como mi participación en el proyecto internacional “Cristianismo, Pobreza y Riqueza en el siglo XXI”, dejaron en mi experiencia personal y profesional mucha sensibilidad hacia los diálogos ecuménicos en Colombia y a la creación y acompañamiento de procesos ecuménicos de base.  Estas relaciones e intercambios y de la creación de nuestra red ecuménica de mujeres y nuestra opción por el acompañamiento a mujeres y hombres víctimas del conflicto armado en el Departamento de Sucre dejaron muchos aprendizajes que veo importante compartirlos en este Simposio:

  • El en campo religioso protestante, el mayor crecimiento lo observamos en las iglesias pentecostales, tanto en sectores rurales como urbanos y la gran mayoría era católica. Escuchar sus testimonios de conversión me llevo a preguntas sobre nuestra catolicidad, tanto a nivel institucional como a nivel de la feligresía. 
  • En todas las investigaciones que he realizado constato que hay 5 demandas fundamentales de católicos/as en estos contextos de crisis: 1.Necesidad de encuentro con Dios, 2. Solución a problemas económicos, 3. Necesidad de escucha, 4. Traumas relacionados con separaciones, dramas del conflicto armado, 5. Problemas de soledades, drogadicción y alcoholismo.  Que está pasando en la iglesia católica? Por qué se observan estos desplazamientos a otras instancias religiosas? Por qué la iglesia católica no responde con mayor eficacia a estas demandas religiosas de diversos sectores sociales?
  • Como católicos/as tenemos unos imaginarios –los buenos y los malos, los verdaderos, los falsos-, que nos impiden acercarnos de manera desprevenida y respetuosa a experiencias religiosas diferentes a las nuestras. Conocer el dolor, el sufrimiento, la rabia, las angustias de estas mujeres víctimas del conflicto armado, la mayoría de ellas pentecostales, me llevo a una actitud de “escucha activa” y a la comprensión de que si bien hay factores externos que explican esta pluralidad, hay también factores internos a la iglesia católica, que influyen en estas nuevas opciones.  
  • Si bien el crecimiento pentecostal urbano y rural se observa en todo el país, es en las regiones donde se ha expresado con mayor fuerza el conflicto armado donde con mayor fuerza se observa este crecimiento. Trabajar y acompañar a mujeres y hombres católicos/as, pentecostales que lloran a sus familiares desaparecidos, que viven los traumas de los asesinatos, de las masacres, de las pérdidas materiales como consecuencia del conflicto armado, cuestiono mis esquemas provenientes de la Teología de la Liberación y las Comunidades Eclesiales de Base, enriqueciendo una vivencia espiritual ecuménica de base. 
  • Unido a lo anterior he recordado con mucha fuerza la frase de Mons. Elder Cámara, promotor del ecumenismo en Brasil: “el sufrimiento generado por la pobreza, la injusticia social y la exclusión de las clases menos favorecidas, no es solamente de los católicos. También lo viven diariamente los protestantes, por ello el ecumenismo es un reto para nuestras iglesias”.
  • Otro aprendiza para construir nuestras experiencias ecuménicas de base fue la de iniciar nuestros procesos no con los grandes discursos (políticos, ecuménicos, de género, entre otros), sino generando confianza, construyendo relaciones amistad, de honestidad, transparencia, respeto mutuo, utilizando lenguajes sencillos, partiendo del “Dialogo de saberes”,  participando activamente en todos los espacios promovidos por nuestra organización y celebrando la fe y la vida desde sus experiencias y vivencias socio-eclesiales.
  • Mi practica investigativa ha estado orientada, sin dejar de lado perspectiva macro-sociales, a la comprensión de la producción simbólico-religiosa, el significado de sus prácticas y representaciones religiosas, su ética y su organizaciones eclesial desde lo micro, lo local, lo cotidiano. Comprender como se viven las experiencias de solidaridad, de reconstrucción del sentido y de sus planes de vida en contextos de alta vulnerabilidad fue y continúa siendo importante para entender que las iglesias pentecostales están cumpliendo funciones importantes en una sociedad en crisis.
  • Finalmente, las religiones han sido fuentes de guerras y paz en nuestra sociedad, sin embargo me esfuerzo en apoyar, asumir estas historias de conflictos político-religiosos en Colombia, recuperar y escribir estas memorias, construyendo desde estas comunidades, nuevos pactos éticos de convivencia, pactos éticos mínimos, ecuménicos, en favor de la paz y la vida con dignidad.

 

CONCLUSIONES

Como lo hemos observado en estas reflexiones, el ecumenismo y el diálogo interreligioso en Colombia, en un contexto de pluralidad religiosa, presenta retos y desafíos. 

  • Consideramos que si gran parte de los conflictos y guerras en nuestra sociedad, durante los siglos XVIII, XIX y XX tuvieron como escenario la relación conflictiva entre actores políticos y religiosos, también para la construcción de procesos de paz debe dimensionarse esta relación, pero en función de la paz y de una perspectiva ecuménica en su carácter integral: geográfico, cultural, económico, político, ético, religioso y ecológica, aunando esfuerzos para el fortalecimiento de la sociedad civil, la democratización de estructuras locales, regionales, nacionales, la construcción de lo público, el amor y la de-construcción de imaginarios sociales que nos polarizan y nos sitúan como enemigos generando señalamientos, descalificaciones e incluso acciones que atentan contra la vida y la dignidad.

 

  • Formar en los espacios cristianos para el respeto, el reconocimiento a las pluralidades étnico-cultural, políticos, religiosos, ideológicos y diversidades sexuales, sujetos que irrumpen con fuerza en la actual coyuntura reivindicando sus identidades y la inclusión en todos los espacios de nuestra sociedad.

 

  • Se hace necesario realizar acciones públicas de perdón y reconciliación entre las iglesias cristianas a fin de dar testimonio de un nuevo momento histórico sellado por pactos de reconciliación y paz.

 

  • Es importante conocer y reflexionar sobre la diversidad religiosa al interior del catolicismo y realizar diálogos fraternos y sororos lo mismo que acciones de perdón y reconciliación por la intolerancia que ha generado tantos daños, tanto a nivel moral, psicológico e incluso físico.

 

  • Es importante realizar investigaciones sobre el Hecho Religioso en Colombia, comprender sus causas y efectos de la pluralidad al interior de las Iglesias y de la Sociedad y con los resultados obtenidos, realizar los cambios y ajustes que se requieren para posibilitar respuestas eficaces a las demandas religiosas de los diferentes sectores sociales vinculados a las instituciones religiosas.

 

  • Crear, animar y fortalecer espacios educativos ecuménicos en colegios y universidades para que nuevas generaciones crezcan y se enriquezcan en ambientes plurales, étnicos, políticos, ideológicos y religiosos.

 

  • Realizar procesos de formación ecuménicos sobre la Historia de las Iglesias, Derechos Humanos, Género, Transformación de Conflictos, Culturas para la paz, Ecumenismo e incidencia política, entre otros, para consolidar equipos de animación ecuménica en las estructuras locales de las Iglesias.

 

  • Sensibilizar a través de encuentros y seminarios a Agentes de Pastoral y bases de las Iglesias para crear y/o acciones ecuménicas sostenibles para la paz.

 

  • Crear espacios de intercambio sobre experiencias ecuménicas en el país, compartir los caminos recorridos, los aciertos, las limitaciones, los aprendizajes y los desafíos en los procesos de construcción de paz en – para Colombia.

 

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